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Hay un reto decisivo para nuestro destino como nación: cambiar la necesidad de emigrar por la posibilidad de construir futuro aquí

...Los salvadoreños vienen sintiendo desde hace ya bastante tiempo que lo que el país ofrece ni llena expectativas ni supera inseguridades de todo tipo. Dos aspectos habría que tratar con verdadera seriedad para que pudieran comenzar a cambiar dichas percepciones: la normalización de la vida cotidiana y la apertura de espacios de autorrealización personal.
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Aunque ha existido siempre, la emigración indocumentada ha tomado en los tiempos más recientes un impulso extraordinario, por efecto de factores que caracterizan la realidad de nuestros días. Uno de esos factores es la sensación prevaleciente en todas partes de que las viejas fronteras ya no son las barreras de antaño y otro es la inseguridad que prevalece sobre todo en algunos países como el nuestro. Pero sin duda, aunque sea lo que menos se reconozca, se generaliza cada vez más el impulso de ir a encontrar mejores posibilidades de progreso personal y familiar en aquellos países que tienen niveles de desarrollo mucho mayores que los nuestros; y eso hace que, pese a las percepciones sesgadas que puedan prevalecer en los lugares de arribo, la inmensa mayoría de los inmigrantes vayan a contribuir con su esfuerzo a la estabilidad productiva en sus nuevos destinos.

El fenómeno de la migración tiene evidentemente múltiples facetas, y, como siempre pasa, todo tiene sus pros y sus contras. En nuestro caso, la continua y caudalosa corriente migratoria, que tal como ahora se da no tiene precedentes, ha generado diversos efectos desestructuradores sobre todo en el ámbito de la familia; y, por otra parte, viene contribuyendo determinantemente a mantener a flote nuestra precaria economía nacional. Pero hay que señalar que en ambos sentidos dicho fenómeno es generador de inseguridad. Ahora, para el caso, cuando la fobia antiinmigrante es uno de los temas de mayor relieve en la campaña presidencial estadounidense, el futuro se carga de más incertidumbres.

Todo lo que ocurre alrededor de esta cada vez más compleja temática de la emigración y la inmigración tendría que ser un estímulo directo e insoslayable para mover en nuestro país la cuestión vital de las oportunidades. En realidad, los salvadoreños vienen sintiendo desde hace ya bastante tiempo que lo que el país ofrece ni llena expectativas ni supera inseguridades de todo tipo. Dos aspectos habría que tratar con verdadera seriedad para que pudieran comenzar a cambiar dichas percepciones: la normalización de la vida cotidiana y la apertura de espacios de autorrealización personal. Si bien será válido siempre aquello de que quien quiere puede, no es sensato tener que apelar al heroísmo para lograr lo que debe ser natural. Una sociedad funcional ofrece oportunidades en forma espontánea.

Hay que recalcar, como lo hacemos siempre que tratamos una cuestión como ésta, tan trascendental para la vida del país, que el tratamiento necesario debe contar con la participación de todos los actores en juego; en este caso, el país de origen de los emigrantes y el país de destino de los inmigrantes. Para desmotivar la emigración es preciso crear condiciones internas que exigen planes de amplio y largo alcance que requieren inversiones extraordinarias, para las cuales el país necesita apoyos sustanciales. Al ser así, lo que pueda aportar Estados Unidos, que es el destino principal de los salvadoreños que emigran, resulta determinante, más allá de los proyectos que ya están en marcha.

Nuestro país está abocado a un reto sin escapatoria: desarrollarse en la medida necesaria para ser el mejor lugar de destino de todos los salvadoreños.

Tags:

  • migracion
  • futuro
  • inseguridad
  • estabilidad

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