¿Hay vida política después del FMLN (o de ARENA)?

Quizás la primera vez que el FMLN tuvo oportunidad de llegar a la Presidencia fue en 1998, cuando estaba contemplando elegir al doctor Héctor Silva como candidato para los comicios del año siguiente.

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¿Hay vida política después del FMLN (o de ARENA)?

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Los números le sonreían, tenía buena imagen y una popularidad en ascenso. Pero, claro, la dinámica interna del Frente fue otra y Silva quedó fuera. Un Facundo Guardado como candidato quedó muy por debajo de Francisco Flores, por entonces un político con escasa proyección dentro de ARENA, pero que supo catapultarse primero como presidente de la Asamblea y luego hacia el Ejecutivo.

Después Silva buscó la Presidencia de la República, pero con una coalición que no incluía al FMLN. Como resultado, esos partidos desaparecieron por no lograr la cantidad mínima de votos. ¿Dónde quedó la buena imagen y popularidad de Silva? Anclada con el FMLN.

Años después fue el caso en el lado opuesto del espectro político. Fue entonces Antonio Saca, que había sido presidente de ARENA y dirigido el Ejecutivo (con altos niveles de aceptación, incluso al final de su período) el que intentó regresar al poder también al frente de otra coalición. A Saca le fue mejor, ya que los partidos integrantes de la alianza no fueron cancelados, pero solo logró el 11 % de los votos. La Presidencia se peleó entre FMLN y ARENA, con candidatos que no tenía la proyección ni popularidad de Saca, pero sí la fuerza de los dos principales partidos políticos. Las maquinarias electorales tuvieron una lucha codo a codo para la segunda y, al final, fue Salvador Sánchez Cerén el que se impuso a Norman Quijano, por pocos miles de votos de diferencia.

Las dos experiencias tienen algo en común: políticos con alta popularidad no trasplantan sus simpatías en un proyecto ajeno al partido que los llevó al poder.

¿Podría esperarse lo mismo de Nayib Bukele, que llegó a alcalde de Nuevo Cuscatlán primero y luego de San Salvador bajo la bandera del FMLN? Las diferencias entre el edil capitalino y el partido de izquierda rebalsaron cuando Bukele atacó a su síndica, Xochilt Marchelli. Eso unificó al poderoso sector femenino del Frente (el mismo que logró, hace dos décadas, cuotas de participación en candidaturas y dirección) y sirvió su cabeza en bandeja de plata a todos sus detractores en el partido para demandar su expulsión.

En este caso no hubo una diferencia ideológica (Bukele no ha sido un efemelenista orgánico), sino el agotamiento de una cansada relación de mutuo aprovechamiento.

Así como soplan los vientos, Bukele quedará fuera del FMLN, ya sea por expulsión, por marginación dentro del partido o por abandono. Su participación como candidato en las próximas elecciones es una duda, dadas las nuevas disposiciones sobre tránsfugas, así que lo que se perfila es si continuará con su aspiración presidencial en 2019.

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