#HeForShe: Cristo y la mujer

La solidaridad que ha de existir entre ambos géneros la podemos descubrir desde el libro del Génesis: “Dios creó el hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer... Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer y los dos llegan a ser una sola carne”. (Gen 1,27; 2,24). Aquí se fundamenta la antropología cristiana para aseverar, desde hace más de 2,000 años, la igual dignidad del hombre y la mujer. (Cf. Juan Pablo II, Carta a las mujeres, 8).
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El papa Benedicto XVI, antes de ser Vicario de Cristo, escribió el documento “Sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y el mundo” (2004), aportando al debate mujeres-hombres. La Dra. Gloria Solé Romeo, historiadora, hace el siguiente recuento en 1995 del feminismo en el documento: “En una primera etapa, se subraya fuertemente la condición de subordinación de la mujer, que lleva a la contestación, a la estrategia de búsqueda de poder y rivalidad entre los sexos. Otra, consecuencia de la anterior, que para evitar la supremacía, tiende a anular las diferencias entre los sexos, minimizando las diferencias biológicas y subrayando las culturales (el género). Ambas tendencias perjudican a las mujeres y a toda la sociedad, pues no se ajustan a la verdad. Ante estas corrientes, la Iglesia habla en cambio de colaboración activa entre el hombre y la mujer, precisamente en el reconocimiento de la diferencia misma. La diferencia vital está orientada a la comunión: en la unidad de los dos, el hombre y la mujer son llamados desde su origen no solo a existir el uno al lado del otro, o juntos, sino el uno para el otro”.

El papa emérito escribe también sobre las raíces del conflicto inicial: “El pecado original supuso una ruptura de la armonía inicial, y la pérdida de la igualdad, del respeto y el amor entre hombres y mujeres... La antropología bíblica sugiere afrontar desde un punto de vista relacional (no competitivo ni de revancha) los problemas que a nivel público o privado suponen la diferencia de sexos... La defensa y promoción de la idéntica dignidad y de los valores personales comunes deben armonizarse con el cuidadoso reconocimiento de la diferencia y la reciprocidad”. El cristianismo condena cualquier violencia e irrespeto contra la mujer (físico, síquico, sicológico o verbal).

Así mismo, el papa Francisco comenta: “La imagen de Dios es la pareja matrimonial, el hombre y la mujer, los dos. No solamente el varón, el hombre, no solo la mujer, no, los dos. Y esta es la imagen de Dios: es el amor, la alianza de Dios con nosotros está allí, está representada en aquella alianza entre el hombre y la mujer. Y esto es muy bello, es muy bello. Somos creados para amar, como reflejo de Dios y de su amor... Algunas veces yo he dicho aquí que una cosa que ayuda tanto en la vida matrimonial son tres palabras... Tres palabras que se deben decir siempre, tres palabras que tienen que estar en casa: “permiso, gracias, disculpa” (Audiencia General, 2/04/14).

De la reflexión bíblica emerge la verdad sobre el carácter personal de hombres y mujeres, creados a imagen de Dios, con igual dignidad y complementariedad física, psicológica y ontológica.

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