Hechos y cifras: de por qué un país distinto para las salvadoreñas es necesario

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Codirector de Censura Cero. Egresado de Relaciones Internacionales.Esta semana se celebró el Día Internacional de la Niña, una fecha que sirve para “reconocer los derechos y problemas extraordinarios a los que se enfrentan las niñas en el mundo”, según lo estipula la Resolución 66/170 de la Asamblea General de Naciones Unidas. Si comparamos El Salvador con respecto a otros países y conforme al progreso que está teniendo en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, específicamente en el ODS 5, relativo a la equidad de género, nuestro país tiene un puntaje de 67.7/100, posicionándose por encima del promedio global y regional. A mi juicio, un puntaje muy mediocre.

¿La realidad? Según información oficial de la PNC, entre enero y junio de 2017 se reportaron 1,948 delitos sexuales, de los que el 85 % corresponde a estupro, agresiones sexuales o violaciones en menores. En uno de los países más violentos del mundo, los feminicidios son invisibilizados: en 2016 fueron asesinadas 318 mujeres. Según una investigación de LA PRENSA GRÁFICA, entre 2006 y 2014 el Instituto de Medicina Legal realizó 10,546 peritajes por violación en niñas y adolescentes, de las que el 16 % de las víctimas tenía 14 años.

Por otro lado, para marzo de 2016 ONU Mujeres reportó que los hombres salvadoreños percibían un salario 15 % mayor al de las mujeres. Según la Organización de Mujeres Salvadoreñas por La Paz (ORMUSA), para 2015 el porcentaje de mujeres ocupadas en grupos directivos y de funcionariado apenas alcanzaba el 1.5 %. En El Salvador las mujeres son el 52.8 % de la población; pese a esto, siguen siendo subrepresentadas, ya que de 84 curules en la Asamblea Legislativa, solo 23 son ocupadas por mujeres; y de 262 alcaldías en el país, solo 29 son lideradas por mujeres.

En la misma semana del Día Internacional de la Niña recordamos 18 años de impunidad en el caso de Katya Miranda, el cual no es el único caso, ya que entre 2013 y 2016 la Fiscalía recibió 5,049 denuncias por violación en menor o incapaz, pero de estas solo el 25.6 % de los casos fue judicializado (Nóchez y Aguirres, 2017). En la misma semana del Día Internacional de la Niña, a Kathia Rivas la ultrajaban en redes sociales (y probablemente en persona). Cuando se publicó que había sido rescatada, aprendí un nuevo término: “slut-shaming”.

Sucede que en una sociedad tan hipócrita y de doble moral como la salvadoreña, del hombre y la mujer se esperan ciertos comportamientos a las expectativas de género. Entonces, cuando una niña desaparece y es encontrada con su supuesto novio, la víctima de repente se convierte en la perpetradora del crimen y la gente corre rápidamente a denigrarla por no cumplir con los códigos socialmente aceptados. Si en lugar de Kathia hubiese sido un Juan o un Rodrigo, se le estaría alabando y premiando.

Construir un país distinto para nuestras niñas y mujeres es necesario. Trabajar por este ideal no es simplemente porque tenemos hermanas, madres o hijas, sino porque son personas. Se trata de construir codo a codo una sociedad más democrática, donde los derechos de cada quien estén protegidos bajo una misma ley. Para ello, debemos empoderar más a nuestras niñas para que puedan ejercer liderazgo hoy y mañana. ¿Quién quiere princesas cuándo realmente necesitamos presidentas?

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