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Historia nunca contada

“¿Para qué quiere la sociedad un Tribunal Constitucional que asume, como punto de partida, que la corrección de las violaciones a la ley fundamental producidas por leyes secundarias depende de las “reformas legislativas que pudiesen cambiar” dicha situación?”
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 ¿No estamos contrariando la propia esencia de la jurisdicción constitucional concentrada, que desde su formulación kelseniana tiene por finalidad proteger a las minorías frente a los excesos y abusos de las mayorías parlamentarias?

Lo anterior es, partícula del voto de disidencia, contra ante el fallo referido 864-2002, por la Sala de lo Constitucional de fecha 24-VI-2005 (para investigadores) en un determinado proceso o juicio en que jamás significó indefensión, juzgar en rebeldía, argumento falso de jurisprudencias anteriores inmediatas a la referencia.

Lo interesante de este comentario, para conocimiento general, es que en esa falsa jurisprudencia se gestaba la mutación de la Sala de lo Constitucional, en legisladora y como constituyente. La interrogante del equipo de apoyo amontecinado es claro: ¿para qué un tribunal así, para solo proceder a expulsar, sanear, enmendar, como legislador negativo kelseniano? También debe hacérsele Legislador Positivo, normativo, ¿para redimir las minorías parlamentarias?

El mismo Kelsen desmiente la falacia en “Esencia y Valor de la Democracia”, al tratar lo que denomina “principio de la mayoría y minoría”, por cuanto: “El principio de la mayoría parlamentaria es muy adecuado para evitar la hegemonía de una clase, siendo característico que en la práctica resulte conciliable con los derechos de las minorías. Por su mismo concepto, la mayoría supone la existencia de una minoría, y, por consiguiente, el derecho de la primera, también implica el derecho de la segunda a existir...”.

También Kelsen: ...“Todo procedimiento parlamentario con su técnica, con sus controversias dialécticas, discursos y réplicas, argumentos y refutaciones, tienden a la consecución de transacciones. En ello estriba el verdadero sentido del principio de la mayoría en la democracia genuina, y por esto es preferible darle el nombre de “Principio de Mayoría y Minoría”.

En ningún lugar del tema abordado allí por Kelsen cita al Tribunal Constitucional a cuenta de la supuesta redención política de las minorías parlamentarias. Y qué feliz concordancia con la posición de Couture, en defensa del principio democrático, esencial para vitalizar los parlamentos, al Estado de Derecho, a la distribución razonable de atribuciones y competencias, orgánicas y funcionales y, nuestro seguimiento es exactamente inspirado por la entereza fijada en su ideario, en su ciencia y en su crítica, tan lejos de las contras.

¡Ay! de nuestra Patria por aquellos abogados, que arrogantemente pretenden ignorar la presencia del sabio, que al referirse a la Constitución y sus leyes dijo: “Ella concede o niega poderes y facultades dentro de las bases establecidas... Para quienes negamos que dentro de nuestro sistema constitucional existan fallos generalmente obligatorios, ni aun en régimen de casación, esta fidelidad a la Ley por la Constitución representa la base de toda una construcción que está reclamando desenvolvimiento. Ha de quedar claro que el desenvolvimiento a que hace referencia Couture debe ser legislativamente, es decir, democráticamente pues no se postulan dictaduras y menos de tribunales ante los cuales no pueda interponerse el veto constitucional correspondiente.

Esta historia continuará para que nuestros juristas conozcan el origen de lo que está sucediendo en la Sala desde 2009.

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  • mauricio clara
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