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Hola, doctor Bonilla

Me pregunto cómo querrán ustedes –me refiero a los diputados y a su persona, doctor Bonilla– que los salvadoreños les creamos que la independencia judicial y la “sagrada” separación de poderes han quedado garantizadas ahora que tenemos una Sala de lo Constitucional (la verdadera) en estado de sitio y otra Corte usurpadora (la que usted preside) buscando imponerse.
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<p>No espere que le llame “presidente”. Usted tiene tanto respaldo legal para presidir la Corte Suprema de Justicia como autoridad moral tendría Joaquín Villalobos para dirigir la Fundación Roque Dalton. Si por inconstitucional es reprobable su elección como “magistrado”, precisamente por asombrosa llega a bordear lo insultante esa foto suya junto a Sigfrido Reyes y Francisco Merino –conspicuos ejemplos de todo lo que tiene la política criolla de sórdida, podrida y tenebrosa–, alzando los brazos en actitud de triunfo ante un grupo de febriles sindicalistas del Órgano Judicial.</p><p>La imagen, doctor, es elocuente. Aparece usted en ella con sus vacilantes manos en el aire, tomadas ambas por los personajes mencionados, y con el telón de fondo de un cielo azul que esta vez no quiso llorar, algo que sí había hecho durante aquel primer show bufo del 1.º de julio. ¿Se acuerda?</p><p>Vea la foto, doctor Bonilla, y dígame qué se siente compartir tensiones y sudores con estas dos “notables” figuras de nuestro firmamento legislativo. Uno de estos señores ha construido una carrera política encarnando el cinismo histórico de su partido, pero redoblando su ya bastante acreditado “talento” para torcer leyes, discursear excusas y evadir argumentos. El otro “caballero” debió ir a la cárcel hace más de diez años, cuando tras dispararle a policías en medio de una borrachera fue capturado y exhibido a la opinión pública.</p><p>Observe de nuevo la imagen, doctor, y no se sonroje. Ya sé que es incómodo aparecer en pose de “Rocky” junto a un autócrata que asesina la justicia y a un delincuente que evadió la justicia después de casi asesinar a alguien. Pero es usted quien fue a ponerse justo en medio de ellos. Y la foto histórica del lunes 16 de julio, día de la Virgen del Carmen (a quien rogamos no desampare a nuestro país), ha quedado en la mente de muchos salvadoreños como la prueba más elocuente del nivel de prepotencia y desvergüenza que estamos enfrentando.</p><p>No contento con la toma forzada de otro órgano del Estado, el diputado que dice dirigir la Asamblea extrajo del bolsillo una pequeña versión de nuestra Carta Magna –a la manera en que Hugo Chávez suele hacerlo con la de Venezuela– y nos dejó para la posteridad esta joya retórica: “Pusimos por delante el texto de la Constitución frente a esa artera conspiración para atentar contra algo sagrado, como es la independencia de los poderes”.</p><p> ¿Alcanza usted a ver, doctor Bonilla, lo que para miles de salvadoreños fue evidente, penosamente evidente, aquella mañana de lunes? Si usted tuvo que echar mano de un cerrajero para abrir e invadir las oficinas de la Corte Suprema de Justicia, Sigfrido Reyes se puso a blandir la Constitución de la República para hacernos creer que usted y los otros “magistrados” electos este año habían usurpado funciones “de acuerdo con la ley”. ¡Increíble! La próxima vez, doctor, comparta los servicios de su cerrajero con el diputado Reyes, porque solo falseando nuestra Carta Magna puede fabricarse tamaña prestidigitación jurídica. Quizá, como usted hizo, era mucho más sencillo olvidarse de las justificaciones y proceder a desmontar los picaportes del Palacio Judicial. Los detallitos vandálicos, a fin de cuentas, si primero se ha violado flagrantemente la Constitución, pueden pasar inadvertidos, ¿no?</p><p>Me pregunto cómo querrán ustedes –me refiero a los diputados y a su persona, doctor Bonilla– que los salvadoreños les creamos que la independencia judicial y la “sagrada” separación de poderes han quedado garantizadas ahora que tenemos una Sala de lo Constitucional (la verdadera) en estado de sitio y otra Corte usurpadora (la que usted preside) buscando imponerse. Luego de ver a los diputados alzarle los brazos al cielo, en señal inequívoca de triunfalismo partidario, ¿será usted capaz de jurarnos, doctor, que “su” Corte será un ejemplo de independencia, objetividad técnica y estricto apego a la justicia? ¡Qué lástima que muchos ciudadanos estemos tan reacios a creerle! Casi me atrevería a sugerirle que ni siquiera intente convencernos.</p><p>Fíjese cómo son las cosas. Ahora resulta que cualquier ciudadano puede alegar que la Sala de lo Constitucional ha “sobrepasado sus atribuciones legales” y pasar a desobedecer sus sentencias si las cree antojadizas. Ya que de esta clase han sido los alegatos de los señores diputados, ¿cómo hacer para defender las resoluciones que emita “su” Corte, doctor Bonilla? ¿Es que acaso el argumento será que usted y sus colegas sí respetan la Constitución? Mmm... ¿Y cómo podrá sostenerse esa tesis? ¿Y a razón de qué otros ciudadanos y organizaciones no podríamos impugnarla? ¿Se da cuenta de la infinita espiral de arbitrariedades a que puede verse sometida nuestra sociedad gracias al capricho de los señores que el día 16 de julio le levantaron las manos en indecente actitud pugilística?</p><p>Varios colegas suyos que han observado sus actuaciones con hondo pesar, casi con vergüenza ajena, se preguntan lo mismo que yo le pregunto a usted directamente: ¿Por qué, doctor? ¿Por qué prestarse a este juego de artimañas, oficinas descerrajadas, vallas de honor sindicales y matonerías legislativas? ¿Vale tanto lo que le han prometido –o le dieron ya–, que importa poco pasar a la historia como el abogado que abrió la puerta al totalitarismo en El Salvador?</p><p>&nbsp;</p>

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