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Honduras y El Salvador

Si acaso existen dos países que son semejantes, son El Salvador y Honduras: tienen la misma historia, comparten los mismos sueños y temores, su lenguaje es muy similar y hasta el acento de sus habitantes es el mismo. Pero el terrible momento que hoy vive Honduras es también desafortunadamente el anuncio de nuestro inminente futuro, si no aprendemos de lo que allá está ocurriendo.

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José Miguel Fortín Magaña / Médico psiquiatra

José Miguel Fortín Magaña / Médico psiquiatra

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Igual que en Nicaragua y en Bolivia, los hondureños vieron modificar su Constitución para conseguir la reelección del presidente, con la ciencia y paciencia de muchos sectores que se beneficiaban por la continuidad y que temían a una oposición, que en el caso de la hermana república hondureña, está comandada por el antidemocrático expresidente Zelaya y por el régimen cuasi dictatorial de Caracas. Creyeron que el fin sí justificaba los medios; y supusieron que después de los comicios nada cambiaría. Se equivocaban; hoy la vecina república se desangra entre dos bandos que se acusan mutuamente, pero azuzando la violencia sobre todo por el lado de los colorados, quienes gritan en contra de la corrupción y de la ilegalidad, pero saquean y roban bancos, tiendas de departamentos y supermercados. Las turbas oyen los gritos de Zelaya y de su candidato Nasralla y se aprestan a empuñar las armas, tal como ellos desean. Ojalá que la cordura prive y que logren los hondureños respetar la voluntad de la mayoría, sea cual sea, sin derramar su sangre.

El Salvador de igual manera, presenta un panorama semejante delante de las elecciones para diputados y alcaldes dentro de 3 meses y las de presidente en poco más de un año; panorama semejante, pero con banderas distintas, siendo el caso que en nuestra tierra es un gobierno cuyo faro es Venezuela y Cuba; y que se encamina hacia el totalitarismo del marxismo pragmático, el que ya ha empezado a infiltrar, absorber y destruir las instituciones y que a juzgar por sus acciones, pronto impedirá la conformación de una Sala Constitucional independiente, para enfilarse a un descomunal fraude en 2019.

El FMLN le apuesta a la indiferencia de la derecha y a la ausencia de la Sala para cuando sean las elecciones presidenciales, de tal forma que no habrá nadie que ordene el reconteo de votos o la revisión de aquellos impugnados o declarados nulos; considerando que con la influencia del presidente del Tribunal Supremo Electoral, tampoco ahí se resolverán las denuncias que se interpongan. Y piensan bien, porque el señor Olivo les obedece cargado de un odio que no logra disimular: ¿recuerdan cómo juramenta con la mano izquierda y canta el himno, en claro desacato a la ley de símbolos patrios, también con la misma mano? ¿Y cómo junto a otro magistrado ha logrado anular la voluntad de la aparente mayoría democrática dentro del organismo electoral?

El panorama es sombrío, pero todavía se alcanza a vislumbrar una tenue luz de esperanza; y ésta se dibuja a través de una ciudadanía organizada no solo en los partidos políticos, pero sobre todo en los movimientos ciudadanos, que logren eventualmente elevar su grito con tal vigor, que ni siquiera los enemigos de la libertad puedan oponerse a su potencia; no como en Honduras, en donde lo que se criticó se replica por los mismos protestantes; sino con la fuerza de la integridad, de la honestidad y de la congruencia. Por eso no se vale permanecer callados. Llegó la hora de actuar.

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