Lo más visto

Honradez: la cualidad más importante en todo funcionario público

Uno de los principios que debería guiarnos a todos los seres humanos es la honradez. Con este principio crecí en mi hogar, con él he vivido 42 años, y ahora que he decidido dedicar mi vida a trabajar al servicio de todos los salvadoreños, con mucha más razón guiará todos mis pasos.

Enlace copiado
Carlos Calleja / Empresario

Carlos Calleja / Empresario

Enlace copiado

Nadie en mi familia ha sido funcionario público y cuando me propuse participar en la contienda presidencial, mi primer compromiso fue mantener siempre mi honradez. Cualidad que la política lejos de cambiar ha fortalecido, porque mientras más profundizo sobre nuestros problemas y las soluciones a los problemas nacionales, más convencido estoy de que la honradez es el principio fundamental para hacer realidad los grandes cambios que necesita nuestro país.

Podemos diseñar los mejores programas, técnicamente perfectos para generar trabajos o llegar a tener una seguridad que nos permita vivir con total tranquilidad, pero si no tenemos funcionarios honrados y capaces para dirigirlos y ejecutarlos, esos brillantes programas se quedarán en el papel.

Después de conversar con miles de salvadoreños en los catorce departamentos es evidente que existe una clara conciencia de que los grandes males que sufrimos, como la delincuencia, la pobreza y el desempleo, tienen su raíz en esta forma de gobernar que ha tolerado y fomentado la corrupción.

Los ciudadanos estamos convencidos de que la corrupción es un mal que comienza arriba, con las “cabezas”, y que desde allí, se contaminan las instituciones. Por lo tanto, debemos cortar la corrupción con cero tolerancia, desde donde nace en los altos funcionarios públicos.

Es trágico, por ejemplo, que el hospital Rosales tenga este año once millones de dólares menos en su presupuesto lo cual significa menos medicinas para atender a las familias más pobres; es triste que de las cinco mil escuelas públicas, la mitad no reúnan las condiciones de infraestructura y equipamiento básico para una educación de calidad mínima.

Que no existan fondos para las cosas realmente importantes no se debe a la falta de recursos en el Gobierno, sino a la forma como estos han sido y siguen siendo utilizados.

Ningún Gobierno puede seguir con gastos discrecionales en la Presidencia de la República, ni autos de lujo, ni grandes viajes, ni lujosas recepciones, mientras 36 de cada cien familias salvadoreñas vivan en pobreza y están pasando hambre.

Todos hemos sido testigos de cómo se inauguran carreteras que no soportan un invierno, presas hidroeléctricas que cuestan el triple y puertos que nunca llegan a funcionar. Eso no nos puede seguir ocurriendo, no debemos tolerar gastos millonarios en obras que no benefician a la gente.

Esos grandes recursos deberíamos invertirlos en programas que de verdad apoyen a miles de familias a superar la pobreza, y no en propaganda de fines de semana. Las familias más pobres necesitan oportunidades de trabajo, educación de calidad para sus hijos, un sistema de salud eficiente y sobre todo necesitan protección de la delincuencia.

En su último informe sobre Competitividad, el Foro Económico Mundial ubica a El Salvador en el puesto 105 de 138 países evaluados, y establece que la inseguridad y la corrupción son las principales causas que ahuyentan la inversión. Por eso nuestra economía no crece, por eso nuestros jóvenes no encuentran trabajo.

Uno de los objetivos de la Nueva Visión de País es poner el Estado al servicio del ciudadano y nunca más al servicio de intereses partidarios, personales o de grupos: este gran cambio es el fundamento de un gobierno honrado, transparente y eficiente.

Poner el Estado al servicio de los ciudadanos quiere decir que todas las licitaciones deben ser públicas y adjudicadas de acuerdo con la ley; las plazas de gobierno deben otorgarse en función de necesidad e idoneidad, y tanto los salarios como las prestaciones de todos los empleados públicos y los presupuestos en las instituciones del Estado, especialmente las autónomas como CEPA, CEL y ANDA, deben estar en función de las prioridades de los salvadoreños y la realidad del país.

Tener un gobierno con cero tolerancia a la corrupción no es algo imposible de lograr sino que es el cambio más trascendental que debemos realizar los salvadoreños, pues de ello depende que superemos los grandes desafíos que tenemos por delante.

En todos los gobiernos, independientemente de colores partidarios, hemos tenido funcionarios públicos que son ejemplo de honradez y capacidad, lo cual nos reafirma que no estamos soñando con algo que no pueda hacerse, sino rescatando un valor bajo el cual debemos unirnos para que no sea la excepción sino la regla.

Los ciudadanos debemos exigir una política de honradez y cero tolerancia contra la corrupción, como la condición fundamental para construir El Salvador del futuro, para que en esta tierra que nos vio nacer tengamos junto a nuestra familia la vida que queremos y merecemos.

Lee también

Comentarios