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Huérfanos de estrategia de crecimiento y desarrollo

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Roberto Rubio-Fabián / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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A pesar de que la situación fiscal del país sigue siendo delicada, la reforma de pensiones, entre otros factores, ha dado un respiro, y los nubarrones de la crisis y el impago se han despejado por el momento. Es ocasión entonces de pensar más en una problemática que se había relegado en el debate nacional: la falta estructural de crecimiento de nuestra economía. En efecto, desde hace años la economía salvadoreña está atrapada en un crecimiento vegetativo que apenas ronda el 2 %. Como hemos dicho en otras ocasiones, se trata de una “economía pasmada”.

Mientras esa “pasmadencia” continúe, cualquier reforma fiscal no tendrá los frutos deseados, ni habrá suficientes inyecciones de inversión pública para reactivar la economía, ni lograremos buena calificación de riesgo para mejorar nuestro acceso al crédito internacional. Es fundamental dedicarle tiempo y energías para responder interrogantes como: ¿Por qué la economía no crece, y cuando crece no es sostenible? ¿Qué hacer para reactivar la economía y lograr una dinámica sólida y robusta? ¿Cómo hacer para que cuando la economía crezca se traduzca en procesos de desarrollo?

La ruta de las respuestas parte de la necesidad de contar con una estrategia de crecimiento y desarrollo, que permita animar la decaída economía, darle sostenibilidad, y mejorar la calidad de vida y bienestar de la población, especialmente de los más vulnerables y marginados. No es la intención acá analizar las causas de nuestro enclenque crecimiento y mal desarrollo. El espacio con que contamos acá tampoco lo permite. Pero podemos mencionar algunos “tips” al respecto.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que las causas del bajo crecimiento económico son estructurales, y residen en su esquema de funcionamiento: desarticulación sectorial, territorial y empresarial, consumismo, baja propensión a la inversión, inversiones de poco valor agregado, excesiva dependencia de remesas, inestabilidad política permanente, debilidades institucionales, etcétera.

En segundo lugar, la reactivación demanda acciones de corto plazo: reestructuración de deuda y acceso a créditos en mejores condiciones (Banca Multilateral) para lograr una inyección sustantiva de inversión pública (big push), acuerdos políticos básicos, mejora de tramitología y aduanas, ingeniería financiera/constitución de fondos para expansión de crédito para vivienda, etcétera.

En tercer lugar, a medio/largo plazo es esencial contar con una apuesta productiva estratégica, la cual sea el eje vertebrador de las actividades empresariales, sectoriales y territoriales. Una puesta que defina qué queremos ser en los próximos años. A manera de ejemplo: ser una plataforma logística y de valor agregado de talante mundial. Puede ser esta u otra, pero lo importante es contar con una apuesta basada en un análisis serio de nuestras potencialidades y oportunidades, de tal forma que permita darle rumbo económico al país.

Finalmente, es estratégico saber traducir el crecimiento económico en desarrollo, ya que ni el crecimiento ni los mercados por sí mismos generan desarrollo. Los beneficios del crecimiento tienen que enfocarse a disminuir la inequidad y mala distribución de la riqueza, dar acceso amplio y de calidad a los servicios públicos, priorizar el combate a la pobreza, manejar amigable y sostenidamente el medio ambiente, mejorar el transporte público, elevar la cobertura y calidad de la educación y la salud, impulsar cambios culturales y la investigación científica, asegurar la seguridad ciudadana, combatir la corrupción e impunidad, fortalecer la institucionalidad democrática, etcétera.

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