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Hugo Martínez la esperanza transversal

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David Hernández / Escritor

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En sus elecciones internas el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) apostó por su suicidio, si ganaba la ortodoxia intransigente y caprichosa tras la candidatura de Gerson Martínez; o la supervivencia de un FMLN inclusivo, reconocedor de sus errores y abierto a las amplias alianzas, a la suma de esfuerzos para conservar no el monopolio del poder, pero sí una cohabitación gubernamental con los sectores progresistas del país, representados por Hugo Martínez.

El mundo cambió desde este 27 de mayo. En Colombia, el uribista Iván Duque y el izquierdista Gustavo Petro pasan a segunda vuelta presidencial; en España, el gobierno de Mariano Rajoy, acusado de corrupción, es sustituido por el socialista Pedro Sánchez; desde la cárcel brasileña, Lula, símbolo del Partido de los Trabajadores (PT), lanzó su candidatura presidencial para el próximo octubre; y en México, sin una alianza entre el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido de Acción Nacional (PAN), se avecina el arrollador triunfo de ese corredor de fondo, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), del partido Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA).

La contundente victoria de Hugo Martínez tiene varias lecturas: es la entrada a la Edad de la Razón de una izquierda ebria de poder y egocentrismo luego de dos victorias presidenciales al hilo que sufrió el electroshock del 4-M, cuando perdió 400,000 votos; y por otro lado es el desmarque del sector “puritano”, aislacionista, que vive en un torremarfilismo pseudorrevolucionario. Es necesario un cambio de guardia; parte de la dirigencia del FMLN, luego de la derrota de marzo y del fiasco de las internas con su “ungido”, debe asumir responsabilidades, y renunciar. Por decoro, antes de que los echen.

Nadie es imprescindible, mucho menos en la política salvadoreña. Hay nuevos liderazgos como los alcaldes Fidel Fuentes o Simón Paz; y sabios consejeros como Fabio Castillo o Rubén Zamora, que acompañan a Hugo Martínez.

El convidado de piedra en esta lid ha sido Nayib Bukele, a quien Hugo Martínez como las fuerzas que lo apoyan, el sector renovador de Óscar Ortiz y el sector Alba Petróleos que lidera José Luis Merino, lo catalogan como aliado.

La apuesta del FMLN, que parte en desventaja según las encuestas, es un retorno al paradigma de la Unión Nacional Opositora (UNO) de los años setenta del siglo pasado, un remake que puede resultar rentable si las alianzas funcionan caso de una segunda vuelta presidencial el próximo año.

Ante la superioridad de una fortalecida Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), que arrasó con las legislativas y las alcaldías municipales en las pasadas elecciones, y ante el embate de las fuerzas conservadoras del país que representa la alianza ARENA, Partido de Concertación Nacional (PCN) y Partido Demócrata Cristiano (PDC), el FMLN no tiene otra opción que pactar con los aliados, Nayib Bukele y Nuevas Ideas (NI), Cambio Democrático (CD), e incluso, obligados circunstancialmente, hasta con la Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA).

Si el FMLN negoció y pactó con sus enemigos a muerte, el Ejército y la Oligarquía, en 1992, por qué no va a pactar con sus aliados naturales en 2018, razonan. Winston Churchill lo dejó dicho: si para ganarle la guerra a Adolfo Hitler hay que pactar con el mismísimo diablo, lo haremos.

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