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Humanicemos nuestros servicios

No hubiese necesidad de referirnos a estos temas si la conducta de los prestadores de servicios no se hubiera deteriorado tanto que abarcara a una de las profesiones más plenas de piedad, empatía y humanismo como es la profesión de los que nos dedicamos al ramo de salud.

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Roberto Montoya Argüello

Roberto Montoya Argüello

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El empoderamiento que a los diversos sectores de nuestras profesiones han generado las asociaciones gremiales o sindicales ha tergiversado nuestras acciones. El pertenecer a un sector cuyos derechos laborales (algunas veces hipertrofiados y retorcidos) deben respetarse hace que se pierda de vista el fin último de nuestras profesiones: servir a las personas que sufren quebrantos, en primer lugar. En consultorios y hospitales, servir con trato humano, con amabilidad, con empatía con el sufrimiento de enfermos y familiares. No se trata de que "se está muriendo el de la cama 5". Es un ser humano que finaliza su vida terrena y debe recibir el apoyo para afrontar sus dudas y temores, sentir que su despedida está rodeada de otros seres humanos y confortado con cariño y respeto ante el trance más temido por todos.

El gremio de enfermería ha pasado de ser el humanitario por excelencia, a comportarse de acuerdo con estatus profesionales (eso no me corresponde porque soy licenciado o licenciada), que responden altaneramente a los médicos y estudiantes de medicina. El gremio médico, incapaz de suspender una tertulia entre compañeros de trabajo para atender la súplica del paciente encamado que tiene dolor y solicita que le atiendan. Todos los presentes (pacientes, familiares, personal de servicio) se enteran de la sordera selectiva que sufre el personal de salud en esos casos.

Y las personas me preguntan: Doctor, ¿por qué se comportan así con la gente en los hospitales? No tengo una respuesta satisfactoria para quien ha sufrido ese trato inhumano. Muchas veces creen que es porque están en "servicios de caridad del Estado". Rotundamente lo niego pues no hay servicios de caridad ya que todos los que laboran en ellos reciben un salario previamente pactado cuando aceptaron la plaza que ocupan. Nadie debiera trabajar sin recibir remuneración, excepción hecha en las instalaciones de hospitales del sistema de salud pública en donde hay médicos internos, residentes y personal de otras ramas trabajando "ad honorem" porque no hay presupuesto para más plazas pero donde sí necesitan los servicios en que les ocupan. Estos trabajadores sin salario son quizás los que mejor atienden a los pacientes.

¿Qué se requiere para revertir estas lamentables situaciones? Cada gremio debe hacer conciencia en sus afiliados para que comprendan primero que nada que son servidores; y que bajo ningún concepto lucharán o defenderán a aquel empleado que infrinja los reglamentos hospitalarios y los dictados más elementales del trato humano. Ser un buen sindicato no es gritar, manchar, insultar o defender a muerte al mal trabajador sino aquel que, por la eficiencia y responsabilidad de sus asociados, se honra en lograr para ellos las mejores condiciones laborales posibles. ¡Humanicemos nuestro trato al paciente!

Tags:

  • empoderamiento
  • servir
  • enfermería
  • salario
  • sindicato

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