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Implosión de la democracia salvadoreña

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José Afane

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Nuestra incipiente democracia en peligro de extinción. La corrupción, el nepotismo, la burocracia, la falta de dignidad, y el populismo, se la están acabando. Los que llegan al poder se dedican a darle paja al pueblo; lo único que les interesa es hacer negocios, controlar la asamblea, domar al poder judicial y al TSE, y controlar los medios y las redes sociales.

Los salvadoreños anhelamos una democracia próspera, pero neles; en la práctica no se hace nada, más ahora con un solo partido, y sin oposición. Usted, político del momento, no es necesario que rompa la ley, porque la Asamblea lo hace por usted, y le permite todos sus chanchuyos.

En el fondo, nuestra democracia es cinismo a punto de estallar. Hemos sufrido la corrupción galopante de los gobiernos del FMLN. Los votantes nos dimos cuenta de cómo se burlaron del electorado. Ya no se diga el gobierno de Saca, el cual institucionalizó la corrupción descarada, que se enraizó en el país.

En Guatemala, el Sr. Alejandro Giammattei, en las primeras 72 horas de ser presidente, decretó estado de sitio en zonas dominadas por la delincuencia y las maras; subió a efectivos militares al transporte público para erradicar el crimen; y puso a trabajar al ejército, en escuelas y demás servicios públicos, como se debe y se necesita. Asimismo, implementó un plan para eliminar sobresueldos y plazas fantasmas en todos los organismos del Estado; le puso paro al PARLACEN, y le dio un ultimátum a la reforma del seguro social. Eso se llama llegar al poder con un plan determinado. Algo totalmente ausente en El Salvador.

Siempre he escrito sobre temas relacionados con la dignificación de la población: educación, transporte, seguridad, AFP, salud, tráfico, la carretera de Los Chorros, etcétera. Ahora hay que sumar el agua y el populismo, en el que el pueblo, sin darse cuenta de que nuestro actual gobierno es más de lo mismo, no ve más allá de los tuits.

El tuit reporta que no faltan medicamentos, pero la realidad es que la lista de espera para pasar consulta, o cirugía, supera los 6 meses. Las medicinas siguen haciendo falta, y las que hay, son genéricas y caras.

Los políticos siguen en negocios turbios. No dejan avanzar los asocios público-privados porque, para ellos, la palabra privatización es mala palabra. La reversión de CEL-ENEL le costó al país millones de dólares, perdimos en todas las instancias por capricho, y luego de ser la APP mejor diseñada, pasó al control total del Estado, quien la llevó a un rotundo fracaso, infló la planilla de burócratas, y bajó la producción e inversión geotérmica. Ojalá se privatizara la salud; lo he expuesto varias veces. Ojalá despegara un asocio público-privado con un metro aéreo en el Gran San Salvador. Todos los ciudadanos lo aplaudiéramos.

Pero por ahora, nada está funcionando; no conocemos el plan de gobierno; las redes sociales nos están dando atol con el dedo. Son muy pocos los que están poniendo el dedo en la llaga del nepotismo, la corrupción y la impunidad.

¡Peligro! Nuestra democracia se está convirtiendo en autocracia, a punto de estallar cuando el pueblo, eventualmente, despierte.

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  • populismo
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