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Impunidad

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Florent Zemmouche - Colaborador de  LA PRENSA GRÁFICA

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Este mes de celebración nacional de nuestra independencia permite festejar nuestra historia que no solo es pasado; que nos toca hacer y escribir cada día, todos nosotros. En ello, el papel de los gobernantes es central. Cuando vemos nuestra historia nacional, lo primero que se observa es el legado de los hombres de Estado cuyas acciones influyen sobre todos los salvadoreños y sobre el rumbo escogido para el país.

Nuestra historia reciente está hecha de sangre e impunidad. Crímenes y culpables, sin justicia. Cómo no hablar de la decisión histórica que tomó la justicia española condenando al exviceministro de Seguridad Pública Inocente Montano, a más de 130 años de cárcel por la masacre de los jesuitas. Una decisión de justicia, claro está, que sin embargo vuelve a hacer hincapié en las grandes carencias de nuestro sistema judicial. La justicia española desvistiendo la injusticia salvadoreña. Con un condenado, Montano en este caso, que tomó por todos a falta de tener a los demás cómplices presentes. Uno para todos, todos para uno.

 ¿Cómo tal cultura de impunidad puede favorecernos? Que les favorece a algunos, está más que claro, ¿pero a todos los salvadoreños? ¿Cómo se nos puede pedir que tengamos confianza en el Estado y en sus representantes? ¿Tener confianza en los políticos cuando vemos crímenes, ilegalidades, corrupción en los más altos niveles del país? ¿Cómo se le puede pedir a la gente que respete las reglas, que no robe, que no mate, cuando precisamente los que piden lo hacen ellos mismos? Los que supuestamente tienen que mostrar el ejemplo son los primeros en violar la ley. Es fácil después quejarse de la violencia endémica cuando vemos a los políticos con pistolas, listas para sacarlas, incluso sacarlas en una pelea o para cualquier desacuerdo: todos son los mismos. Sin embargo, no todos los culpables tendrán el mismo tratamiento. La constatación es vieja y clara en El Salvador: el poderoso no tendrá problemas con la justicia. La frase de Monseñor Romero es famosa: “La justicia es como la serpiente, solo muerde a los descalzos”.

Bukele debería ocuparse de ese muy grave problema social en vez de andar peleando, publicando videos en Twitter y en vez de proteger y animar por lo mismo a los infractores: miembros de su gobierno, políticos y todos los otros que sí serán detenidos y fotografiados por una policía selectiva. Para tomar solo lo que es sin duda el caso más reciente: ¿se capturó y fotografió al diputado Arturo Simeón Magaña después de su accidente de carro que dejó saldo de un muerto y tres lesionados graves por manejar manifiestamente en estado de ebriedad y por no respetar la luz roja de un semáforo como lo indican los agentes investigadores del caso? Al contrario, la policía llegó a la escena más de dos horas después del accidente de donde había huido Magaña a más de cien kilómetros de allí, en Ahuachapán. Peor aun, indigno no solo de un diputado sino de cualquier individuo, Magaña abandonó a los heridos antes de que llegara la ambulancia; entre ellos, su amigo que murió pocas horas después. La carrera mejor que la decencia.

Magaña debería aprovechar para por una vez mostrar el buen ejemplo y renunciar a su diputación para enfrentarse a la justicia como cualquier salvadoreño, que es al fin y al cabo lo que es: ni más, ni menos.

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