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In memoriam: Cenizas de Izalco de Claribel Alegría y Darwin J. Flakoll

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EscritorLa recién fallecida escritora salvadoreña-nicaragüense Claribel Alegría (1924-2018), en su obra emblemática, Cenizas de Izalco, escrita a cuatro manos con su esposo, el norteamericano Darwin J. Flakoll (1923-1995), da una interpretación literaria de los sucesos del 32. Escrita en París entre 1962 y 1963 y finalista del Premio Biblioteca Breve Seix Barral en Barcelona en 1964, fue publicada en 1966. Fue corregida por Julio Cortázar y alentada por Carlos Fuentes para ser enviada a dicho Premio.

En el centro de la trama, desarrollada en varios planos con diferentes técnicas narrativas, se encuentran los sangrientos sucesos de la insurrección campesina de los indígenas de Izalco en 1932 así como la erupción durante la sublevación del volcán del mismo nombre. Estos sucesos serán transmitidos, desde el punto de vista de un testigo ocular –el estadounidense Frank Wolff que vive en directo dichos sucesos–, a través de un diario personal donde anota sus vivencias; diario que es encontrado en el baúl de antigüedades décadas después, por Carmen Rojas, cuya madre fue amante de Wolff.

El diario comienza el 16 de noviembre de 1931 y termina el 27 de enero de 1932, es decir, en los días de la insurrección. Ese 27 de enero son masacrados en una encerrona los campesinos en la plaza del pueblo en Izalco. Escena que repetirá tres años después “Cien años de soledad” de García Márquez en la masacre campesina de bananeros.

A través de su lectura Carmen Rojas descubre la desconocida historia de amor de su madre, así como el pasado terrible del país, anotada por un observador que escribe para observarse. Historia familiar e historia nacional están sometidas autorreflexivamente a confrontación. Las estrategias de duplicación y multiplicación del proceso de escritura y el splitting del sujeto narrativo en varias instancias, comprobable al nivel del discurso narrativo, van unidas a varias operaciones de duplicación y multiplicación de acción, caracteres y mundo narrado, al nivel de la historia. La relación entre los distintos niveles narrativos manifiesta el mantenimiento de una estructura jerárquica moderna. Sin embargo, la multiplicación de las instancias narrativas está combinada en la novela con la exploración de algunas convenciones célebres en la historia del género: la convención del manuscrit trouvé (el manuscrito encontrado, en este caso el diario de Wolff), las del Briefroman (las novelas epistolares), el diario, y la existencia de una acción enmarcada en determinados parámetros espacio-temporales. Así, la novela presenta no solo narradores y destinatarios sino también lectores. En este sentido, y con la amplia cabida que le da al lenguaje hablado, Cenizas de Izalco está escrita siguiendo las huellas de la gran literatura norteamericana moderna y de Jorge Luis Borges. Hay otro detalle: la influencia que Malcom Lowry y su novela Bajo el volcán ejercieron en uno de los coautores, Darwin J. Flakoll, quien era un confeso admirador de Lowry, y cuyos ecos –mundo indio, alcoholismo, autodestrucción de uno de los personajes, violencia crónica en el poblado indígena– están presentes en ambas novelas.

Cenizas de Izalco a nivel nacional y centroamericano constituyó una revolución no solo del discurso narrativo sino de las historias que era imperioso novelar. A partir de esta novela se comienza a correr el velo del tabú que se cernía sobre la masacre del 32 en los ambientes intelectuales y democráticos de El Salvador.

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