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In memoriam Mauricio Torres

El pasado Sábado de Gloria, 30 de marzo, a las 18:38 horas trascendió hacia la más completa libertad que es la muerte el filósofo salvadoreño Juan Mario Castellanos, en su residencia de San Ramón, Costa Rica. Su cuerpo, por voluntad expresa, fue cremado la mañana del domingo 31 de marzo a las 15:00 horas en La Funeraria La Piedad, de San Juan Tibás, San José, en una modesta pero muy significativa ceremonia, con la presencia de hijos, esposa y amigos.
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Un fulminante cáncer de páncreas acabó en pocas semanas la resistencia física del filósofo y dio paso, según sus últimas reflexiones, a la trascendencia hacia una dimensión superior, el caos total. El ser y la nada, que Martín Heiddegger, su mentor y maestro, le enseñó en su casa de la Selva Negra, donde convivió con él y otros discípulos. Se trató de un filósofo que siempre buscó cómo cambiar la injusticia, no solo la que existía en su inmediato alrededor, sino que extendió su pensamiento y ayuda con una visión latinoamericana. Por ello fue también destacado discípulo de Eli de Gortari, en México D. F.

Antes de partir, para información de todos los amigos que él tiene dispersos en el mundo, hay que anotar que Juan Mario Castellanos, alias Mauricio Torres, tuvo el privilegio de que los suyos hicieran un cierre, un final de partida, con él. Le expresaron lo importante que fue para ellos saberse amados por el padre, el esposo, el hermano, el amigo, el camarada, y le hicieron notar que todos los suyos se encontraban bien, y que podía descansar tranquilo, después de su gran jornada terrenal, a lo cual contestó con una amadonerviana frase de gracias vida, nada te debo, estamos en paz.

Juan Mario Castellanos es de esos hombres que nunca mueren. Una leyenda viviente que estará siempre al acecho en cada esquina de este mundo donde sea necesario levantar la antorcha de la libertad, la búsqueda de la justicia social y la defensa de los humildes y los despreciados. Como Mauricio Torres jugó un papel destacado en la historia reciente de la hermana República de Nicaragua y, aunque poco se sabe, en la historia nacional a partir de abril de 1983.

Proveniente de una familia de alcurnia, tuvo una educación de élite desde su temprana infancia, estudiando en los mejores colegios tanto de Estados Unidos, como de Suiza, Suecia, España y Alemania. Era un políglota brillante, dominaba a la perfección el inglés, el italiano, el francés y el alemán. De ello quedan como testimonio excelentes traducciones, entre ellas “1932” de Thomas Anderson. Su primer libro “Sobre la Metodología de las Ciencias Contemporáneas en sus Orígenes” obtuvo Segundo lugar en el Premio Nacional de Cultura, 1962. Le siguieron “Filosofía, ciencia y revolución”, 1972, “Introducción a la filosofía crítica de la práctica”, 1995, ambos de Editorial Universitaria. “El Salvador, 1930-1960: Antecedentes históricos de la guerra civil”, fue publicado por la Dirección de Publicaciones e Impresos, de CONCULTURA. Deja inéditos “La lógica en la ciencia de la antigua Grecia”, y dos tomos de “El Salvador 1961-1972. Los años decisivos. Primera Parte 1960-1968”, y su Segunda Parte 1968-1972, que constituían los peldaños de un corpus histórico-filosófico que llegaba hasta el triunfo del FMLN en 2009.

Hasta siempre, Mauricio Torres. Descansa en Paz.

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