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¿Incapacidad parcial o total?

Sociólogo y Prof. en TeologíaAlgunos sostienen que el ser humano mantiene intacta su voluntad, y por lo tanto su capacidad de decidir racionalmente entre lo bueno y lo malo. Aceptar esta premisa significa creer que la voluntad y la razón no fueron afectadas por la muerte espiritual que produjo el pecado.
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Pablo, hablando del estado natural del ser humano, afirma: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Ef.2.1). Lo que Pablo está afirmando aquí es que debido al estado de muerte, no es posible la vida espiritual sin la gracia de Dios. En ese sentido, la fuerza de voluntad o capacidad del ser humano está limitada en términos trascendentales, tal como buscar la salvación o identificar a Cristo como salvador.

Esta facultad de decidir entre el bien y el mal fue un privilegio que Adán y Eva perdieron al desobedecer a Dios, y el paso de muerte a vida, espiritualmente hablando, es producto de la pura soberanía de Dios. En otras palabras, no nacemos de nuevo porque tuvimos fe, sino que tenemos fe porque nacimos de nuevo. Prevaleciendo así la gracia de Dios sobre la respuesta humana, tal como lo afirma Pablo: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Ef.2.7-8).

Al respecto R. Smalling, en su libro ¡Sí, Jesús!, afirma: “El ser humano en su estado natural, tiene libre albedrío dentro de los límites de su naturaleza, si su naturaleza es gobernada por el pecado, siempre escogerá el pecado porque es lo que le agrada, para que deje de buscar el pecado es necesario que Dios obre cambios en su naturaleza”.

Esto no es nuevo, ya en el Génesis se relata cómo Dios se agradó con el cordero presentado por Abel, y no con los frutos de la tierra ofrecidos por Caín. Pareciera que Dios quiso dejar claro que lo único que le satisface es lo que ha sido purificado con la sangre de su hijo; y nada que provenga del esfuerzo puramente humano le impresiona, porque proviene de una fuente corrupta, cuya naturaleza ha sido afectada por la maldición del pecado.

Asimismo Salomón constata que generalmente el hombre toma decisiones con su corazón, es decir, con sus emociones. El hombre escoge hacer lo que le agrada, y esto que le agrada refleja lo que hay en su corazón, por eso advierte: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida” (Prov.4.23). Jesús también enseñó que la maldad proviene del corazón, cuando dijo a los fariseos: “¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mat.12.34).

Este estado de muerte nos mantiene incapacitados y ciegos; sin embargo, el toque de su gracia está disponible para comenzar a ver y buscar, tal como experimentó el ciego sanado por Jesús: “Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre –refiriéndose a Jesús– es pecador. Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo” (Jn.9.24-25). ¡Que 2018 sea el año en que comencemos a ver en El Salvador!

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