Incendios y degradación ambiental

La consecuencia de los incendios recurrentes, como en el caso de El Salvador, es perjudicial porque es uno de los factores principales del empobrecimiento de la biodiversidad en nuestras áreas naturales boscosas.
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Sin duda alguna, en nuestro país no existe plena conciencia de la relevancia que tienen las pérdidas ecológicas que se producen tras los incendios forestales. Los impactos pueden ser muy severos en la vegetación y la fauna, en el balance hídrico, en la calidad de las aguas, en el suelo, y sobre el paisaje mismo. Los incendios recientes en el Parque Nacional Walter Thilo Deininger y otras áreas naturales, y más recientemente los incendios en El Boquerón y el volcán Picacho, demuestran que no se está preparado para este tipo de emergencias. Y eso es grave, ya que El Salvador, dado las condiciones de degradación severas del territorio, no puede darse el lujo de perder ni un centímetro de la poca vegetación natural con la que cuenta.

La pérdida de suelo por erosión es el daño ecológico más grave ocasionado por los incendios. El suelo, además de ser el soporte y la fuente de nutrientes de la vegetación y la fauna, es un bien escaso. Y es que el suelo es un bien difícilmente recuperable, de modo que la degradación de sus características iniciales (físicas, químicas y biológicas), y sobre todo la pérdida de sus partículas más finas y de los nutrientes por la erosión, hacen que este se regenere muy despacio.

El impacto en la calidad del agua también es notorio. Por un lado, los incendios reducen la cobertura vegetal que contribuye a retener el agua lluvia (antes de caer al suelo), para evitar la escorrentía superficial y la consecuente erosión, y, por otro lado, el incendio incrementa la impermeabilidad del suelo pues le quita la humedad, lo que impide la penetración del agua al mismo. Igualmente, la infiltración del agua lluvia se dificulta por la destrucción de la estructura superficial del suelo (arrastre de las cenizas y otras partículas finas) que origina una compactación del suelo impidiendo la infiltración del agua. Como consecuencia de estos procesos, la escorrentía superficial aumenta durante las lluvias, llegándose hasta triplicar muchas veces. Diversos estudios han determinado que después de un incendio las primeras lluvias originan las mayores escorrentías de agua superficial. En algunos casos esta escorrentía puede representar hasta un 20 % de la precipitación, cuando lo normal es que no supere el 5 % de la lluvia caída. Nuestros cafetales andan por el 10 % gracias a su cobertura de árboles de sombra.

Uno de los efectos ecológicos más importantes de los incendios es la mayor probabilidad de que se produzcan nuevos episodios en los años siguientes. Cuando los árboles quemados y secos caen, la luz solar adicional provoca que se reseque la vegetación existente, produciendo una acumulación de material combustible, como hierbas y arbustos inflamables. La consecuencia de los incendios recurrentes, como en el caso de El Salvador, es perjudicial porque es uno de los factores principales del empobrecimiento de la biodiversidad en nuestras áreas naturales boscosas.

La falta de visión y el vacío de liderazgo en el Ministerio del Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) en la protección y conservación del patrimonio natural es una de las principales causas de estos desastres. Al no contar con una política clara de gestión de estos espacios protegidos y al desincentivar la participación de las ONG con experiencia, y que permita la presencia de guardaparques motivados y debidamente capacitados, las áreas naturales se vuelven altamente vulnerables a la cacería, a la tala selectiva y en especial, a los incendios forestales.

El tema de los parques nacionales y las reservas ecológicas es uno que ha sido marginado severamente por los dos gobiernos del FMLN. Es un hecho que las bondades de las áreas naturales bien administradas no se han dimensionado adecuadamente por las autoridades del MARN. Y el impacto de este desacierto lo sentimos cada vez más fuerte, no solo por estos incendios forestales año con año, sino que con el deterioro en los medios de vida y el aumento de la pobreza en las zonas rurales. La verdad es que este grave desacierto transmite ignorancia, mediocridad e incapacidad.

Tags:

  • MARN
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