Incertidumbre y manipulación

La decisión de la administración Trump de iniciar el desmantelamiento del TPS comenzando por los inmigrantes nicaragüenses –seguido después de un período preanunciado, por los hondureños– es una señal clara de que el gobernante se acerca cada vez más a la concreción de una de las ofertas que hicieron más emblemática su divisa: “Make America Great Again”. En poco tiempo podría esperarse un mensaje similar para los salvadoreños y guatemaltecos.

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La decisión final está ahora en manos del Congreso de ese país y en este escenario, reconocemos los esfuerzos que ha estado realizando el canciller Martínez para velar por, y defender a, nuestros compatriotas frente a esa eventualidad. El hecho de que los salvadoreños hayan sido de manera recurrente el blanco favorito del señor Trump le dan a esas gestiones un valor especial. No es fácil defender una causa cuando se estigmatiza a todos aquellos que están en “capilla ardiente” por el comportamiento delictivo, por cierto atroz, de unos pocos. Tampoco, cuando un oscuro y prepotente diputado del FMLN invoca cínicamente el orgullo nacional para no claudicar ante el “imperio”, mientras él y sus compinches les besan los pies manchados de sangre al déspota venezolano. Para estos falsos redentores –que se enriquecen escandalosamente del erario nacional– es más importante su “buen vivir” que el sacrificio de quienes mantienen a flote la economía e, indirectamente, engordan sus bolsillos.

Como quiera que sea, nada es descartable con el impredecible comportamiento del 45º presidente de la nación más poderosa del mundo. Sin duda, por las presiones internas de asociaciones de inmigrantes, iglesias, universidades, grandes empresas tecnológicas y hasta estados miembros de la Unión Americana, él puso en la cancha del Congreso en septiembre pasado la responsabilidad de presentarle en un período de seis meses una propuesta para enfrentar la situación de los inmigrantes indocumentados. Para algunos analistas, esta no fue sino una jugada enmarcada en esa práctica del zigzag que lo ha hecho célebre en 10 meses en el cargo.

En esa misma práctica, puede inscribirse el “Plan de Principios” que anunció la administración semanas después, para una futura reforma migratoria. Este incluye, entre otros: la construcción del muro con México y la agilización de la expulsión de menores centroamericanos. Los primeros en reaccionar ante este nuevo condicionamiento fueron dos actores importantes del Partido Demócrata, principalmente por incluir en la negociación la muralla de la vergüenza. Con esto se nos hizo partícipes pasivos de una manipulación extravagante... Pero el apoyo de quienes en Estados Unidos están de nuestro lado puede hacer la diferencia, a pesar de los apátridas que desde aquí contrarrestan sus buenos oficios. Por el momento, el “Plan B” anunciado por el gobierno solo levanta interrogantes.

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