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Independencia presupuestaria de la Fiscalía

La importancia de la Fiscalía General de la República es indiscutible. A la referida institución le corresponde la defensa de los intereses del Estado y de la sociedad, la dirección en la investigación de los hechos punibles y la promoción de la acción penal pública.
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La ley le señala las más variadas atribuciones que pasan por representar al Estado en toda clase de juicios ya sea como actor o como demandado, coordinar las labores de investigación del delito con la Policía Nacional Civil y otros organismos especializados de investigación, defender los intereses del Fisco, los recursos naturales, el patrimonio cultural, los bienes del Estado, ejercer las acciones de responsabilidad civil, penal o administrativa en las que incurrieren funcionarios y empleados públicos y hasta representar al Estado en conflictos internacionales.

Semejante abanico de responsabilidades requieren de una institución moderna, eficiente, que cuente con los recursos necesarios para el ejercicio de sus actividades y, sobre todo, que cuente con verdadera independencia.

Hace algunas semanas tuvimos la oportunidad de organizar un conversatorio en el que contamos con la presencia del fiscal general de la República. El conversatorio tuvo como propósito conocer de primera mano las actividades que se han venido desarrollando durante la actual administración de la Fiscalía, y entender de mejor manera los desafíos que debe afrontar en procura de cumplir con sus obligaciones constitucionales y legales.

Hubo una preocupación recurrente en el intercambio de ideas: la falta de independencia presupuestaria, que desde luego pasa por la necesidad de asignarle a la institución un porcentaje fijo del presupuesto nacional.

En los últimos años, la Fiscalía ha venido realizando su trabajo con un presupuesto de aproximadamente $43 millones anuales, lo cual no solo es evidentemente insuficiente, sino que provoca que, año con año, la Fiscalía deba estar pidiendo refuerzos presupuestarios al Órgano Ejecutivo.

En el conversatorio conocimos que a pesar de las grandes responsabilidades y riesgos que se asumen, existen fiscales con un salario mensual de $1,200, a quienes no se les puede hacer ajustes porque no existen recursos para ello. También se nos confirmó que existen muy pocos fiscales en zonas conflictivas y que estos no logran dar abasto con las exigencias del entorno.

Muchísimo trabajo, muchísimos riesgos, pocos recursos, insuficiente personal y dependencia de lo que decida el ministro de Hacienda de turno; es una situación caótica dijo el fiscal general. Es obvio que esto es algo que debemos comenzar a corregir de inmediato.

A la Fiscalía General le estamos exigiendo que logre asestar golpes rotundos contra la delincuencia en general y contra las pandillas de manera especial, que encarcele a quienes desobedecen órdenes judiciales así como a conductores inescrupulosos o a quienes les encubren o esconden información; le estamos pidiendo que investigue probables enriquecimientos ilícitos de funcionarios y exfuncionarios, que promueva las acciones judiciales pertinentes contra estos, que investigue irregularidades en procesos de licitación, que persiga a quienes negocian con pandillas, que lleve a los tribunales a quienes trafican drogas o armas, que gane los casos en representación del Estado y, más recientemente, que comience a preocuparse por investigar crímenes de lesa humanidad cometidos durante el conflicto armado.

Como ciudadanos eso es lo que nos corresponde: exigir a nuestras instituciones que cumplan con sus obligaciones. Pero como ciudadanos también nos corresponde exigir que esas mismas instituciones cuenten con los recursos necesarios para que de verdad puedan cumplir.

Muchas organizaciones de la sociedad civil están pidiendo que se incremente la lucha contra la impunidad y la corrupción en nuestro país. Independientemente del debate que ya existe en relación con la estructuración de otras instituciones que tengan ese objetivo, tenemos que entender que ninguna propuesta es viable si no contamos con una Fiscalía que transpire independencia; y que eso inicia por su presupuesto.

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