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¿Industrialización o creación de valor?

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Licenciado en Economía con Master en FinanzasLa separación económica por ramas más sintética que se realiza, únicamente toma en cuenta tres grandes sectores: primario, secundario y terciario. El primario se refiere en mayor medida al agro; el secundario, al manufacturado o industrial; y el terciario a los servicios. A pesar de que solamente esta división no deja ver su interrelación, una visión muy arraigada, bajo esta comparación es que el desarrollo de las capacidades productivas de una economía requiere necesariamente que el sector secundario sea el primordial, en el sentido que si la economía es altamente industrial eso implicaría, teóricamente, que haya más tecnificación en los procesos de cambio de las materias primas provistas por el sector primario.

Una de las revelaciones que más ha llamado la atención sobre la estructura del valor total de la producción (o PIB) que genera el país, con base en el nuevo Sistema de Cuentas Nacionales, es justamente, la disminución de la participación tanto del sector primario como del secundario, cuyos porcentajes cayeron así; entre 1990 y 2014, desde 17.1 % a 6.4 %, y de 22.1 % a 17.7 %, respectivamente. Por su parte, el terciario amplió el valor de su producción por definición, y su participación desde 60.8 % a 75.9 % en esos mismos años.

Aunque todavía está ausente el matriz insumo producto, este resultado puede interpretarse como un retroceso, y una disminución de las cadenas de valor del mercado interno, y vendría a refrendar una posición, que suscribe que la tercerización es la base de la explicación de una economía que crece poco.

Un artículo del World Economic Forum pone esta discusión en relieve mundial. En un principio, con un PIB per cápita bajo, el progreso se ve acompañado por un proceso de industrialización, pero a medida que las economías van percibiendo un bienestar material mayor y registrando un PIB per cápita más alto, la participación del sector industrial en el total cae, replicando un patrón de U invertida. Es decir que, los cambios en la productividad relativa de los sectores explican cómo “el crecimiento económico ha significado un desplazamiento de trabajadores desde la agricultura hacia los servicios”, donde “los países pasan primero por un cambio de la agricultura a la industria y luego acontece un proceso de desindustrialización”.

En este sentido, si bien, hay otros países que aún más pobres tienen una baja participación industrial, es claro que el fenómeno de la tercerización no le corresponde solamente a El Salvador, incluso hay economías que registran tasas de crecimiento, de manera más sostenida mucho más altas, con un sector de servicios que genera más valor; de hecho, incluso con una elevada retribución al factor trabajo de hasta el 65 %.

Visto desde esta perspectiva, la tercerización no es un elemento negativo per se, más bien es un fenómeno general, donde lo relevante es, si se crea o no mayor valor, que es lo que, en definitiva, cuenta. La cuestión sería, entonces, que la creación de valor del sector terciario es aún menor, vis a vis, otras economías, y el reto para encargar las transformaciones estructurales que se están viviendo, fundamentalmente requiere remover las rigideces al cambio, para pasar de visualizar cadenas internas a cadenas globales de valor, con un proceso de mayor inversión privada, con una real dotación, de las capacidades que requiere el sector, al recurso humano.

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