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¡Infames!

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“Nada es posible sin los hombres, pero nada permanece sin las instituciones”, dijo Jean Omer Monnet, uno de los padres fundadores de la Europa unida. La política es crucial como vehículo para llevar al ciudadano al gobierno, quien luego, revestido de la representatividad y el ceremonial del poder, se convierte en político. En nuestro país ya terminaron las elecciones. Desde cualquier perspectiva este ejercicio democrático nos dejó grandes sorpresas.

Las nuevas caras entran sonrientes, invictas y muy seguramente algunos de ellos no se lo pueden creer. Preguntan: ¿Fue por la suerte de principiante? ¿Por la propuesta en combo del partido? ¿No había mucho donde escoger? Independientemente de la respuesta, tendrán que adaptarse al funcionamiento de la lógica política y la aritmética legislativa. Tarde o temprano van a entender que, aquellas propuestas que irresponsablemente planteaban sin medir la profundidad ni los alcances, van a requerir del convencimiento, primero a sus colegas del mismo partido, y luego al del resto de fracciones. Si no tienen cuidado, no solo no van a brillar, sino que van a fracasar en el primer intento.

Los periodistas y los presentadores, ahora ya diputados electos, tendrán que acostumbrarse a ser la noticia. Deberán tener la apertura, la transparencia y el tacto para atender a sus excolegas. Ahora estarán al otro lado del espejo. Tendrán que llenarse de cordura y coherencia los señores diputados, para responder las preguntas que no les convengan o que les parezcan incómodas.

Los que no brillaron ni hicieron nada durante uno o dos periodos legislativos y que, inexplicablemente, siguen reelectos, deben tener claro que van bajando en número de votos y esto no es producto de la llegada de nuevos candidatos, no; que ustedes vayan siendo relegados en sus posiciones es producto de su incapacidad y, en muchos casos, por comunicar mal a sus votantes dicha labor. Tarde o temprano el votante va a vencer la inercia electoral de su partido y los van a expulsar de la curul. Y usted va a pasar a la historia como infame e incapaz.

Una suerte de justicia se apodera de las elecciones. Los salvadoreños estamos votando con mayor razonamiento, no solo entre partidos, sino al interior de estos. En definitiva, no duden que el electorado cada vez va registrando mejor las propuestas que hicieron. No olviden que la sed de respuestas acorta los tiempos y la memoria guarda con fuerza la necesidad de justicia. Ya no somos los mismos y aspiramos a ser mejores.

Innovar y abrir brecha desde la política debería significar, por ejemplo, que tanto en la Asamblea Legislativa como en la Corte Suprema de Justicia, contemos con mujeres como titulares.

Pero aquellas palabras tan sabias de Monnet parecieron haber perdido sentido en los vientos de cambio en la configuración de un proyecto de integración regional europeo, y digo pareciera, porque aunque se aleje de sus principios y a veces se dividida, su espíritu no está vencido.

Ahora imaginemos los huracanes que pasan por nuestras débiles democracias, a este lado del océano los círculos viciosos son más profundos y las instituciones sufren mayor debilidad. Aquí hace falta mucho por hacer, pero la receta es la misma que menciona el Sr. Monnet: ciudadanos comprometidos e instituciones fuertes. Para hacer sólidas a las instituciones necesitamos la política, más que nunca.

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