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Inicia la elección de magistrados

El 17 de marzo de 2003, en esta misma columna decíamos que el proceso de elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia implicaba una verdadera prueba de moralidad para el gremio de abogados.
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Esto lo recalcábamos teniendo exacta conciencia del rol que corresponde desempeñar a los abogados en ejercicio, cuando nuestra Constitución señala que la mitad de los candidatos debe provenir de los aportes de las entidades representativas de los abogados de El Salvador, agregando que deben estar representadas las más relevantes corrientes del pensamiento jurídico.

En 2003 hacíamos notar que al gremio de abogados nos ha sido encomendada la tarea de escoger a los mejores para ocupar los más altos cargos en la administración de justicia, de mayor capacidad intelectual y con requisitos éticos y morales para desempeñar su cometido. Hoy no solo reiteramos lo que antes decíamos, sino recordamos que también deben cumplir con los requisitos constitucionales de honradez y competencia notoria ya desarrollados jurisprudencialmente.

En 2003 también detectábamos que, para entonces, ya existían críticas relacionadas con el hecho de que algunas asociaciones de abogados que pretendían postular candidatos no habían respondido en forma adecuada a las expectativas, toda vez que proponían profesionales que estaban lejos de cumplir con el perfil requerido.

En reiteradas oportunidades hemos denunciado la existencia de dizque asociaciones de abogados que solo aparecen cuando se acercan los procesos eleccionarios, transcurridos los cuales desaparecen sin dejar ningún rastro de sus actuaciones y sin aportar absolutamente nada al gremio o a la sociedad.

Nuestra constitución pretende que las candidaturas provengan de asociaciones que de verdad representen al gremio de abogados, lo cual implica que debe tratarse de asociaciones serias, que den continuidad a sus fines, que genuinamente se preocupen por el gremio y que constantemente contribuyan al desarrollo de la ciencia del derecho.

Lo que exigíamos en 2003 lo exigimos ahora, sobre todo por la trascendencia que tienen las elecciones de 2018. No dudamos que en lo que resta hasta esas elecciones, comenzarán a aparecer nuevas asociaciones que infructuosamente intentarán esconder su verdadero propósito; estaremos más que atentos a ello.

Las asociaciones que sí estamos dispuestas a asumir con entereza el compromiso impuesto por nuestra constitución y que sí representamos a las más relevantes corrientes del pensamiento jurídico tenemos que comenzar a identificar a las personas que más adelante serán postuladas como candidatos, teniendo el sumo cuidado de hacerlo dentro de los límites que demanda la ley y la constitución misma.

Lo que estamos diciendo es que el proceso de elección debe comenzar en casa y debe comenzar ya. Las verdaderas asociaciones de abogados tenemos la ineludible responsabilidad de estructurar procesos internos que nos permitan presentar muy pronto al gremio y a la sociedad, a los mejores y más preparados profesionales.

De entrada las asociaciones deben ocuparse y preocuparse porque los candidatos que se presenten sean profesionales independientes, desvinculados de partidos políticos, con experiencia comprobada para el ejercicio del cargo y de una intachable trayectoria profesional.

Si eso lo cumplimos y si más adelante organizamos un proceso de elección que abiertamente contraste las ideas, visiones y propuestas de los candidatos, provocaremos que en el gremio de abogados en ejercicio, se tengan solo buenas opciones para ejercer el sufragio. Es eso lo que permitirá que resulten electos quince excelentes profesionales, dignos todos de ocupar las más altas magistraturas.

En su momento, también tendremos que contribuir activamente a que el Consejo Nacional de la Judicatura haga lo propio cuando inicie su proceso de elección de la otra mitad de candidatos. La idea es que nos propongamos que en 2018 la Asamblea Legislativa no tenga oportunidad de elegir malos elementos, porque todos merecerán el cargo.

Iniciemos ya y cuidémonos de esas dizque asociaciones que dejan traslucir sus perversos fines.
 

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