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Innovación y emprendimiento como horizonte común para el país

El Salvador tiene talento de calidad mundial. Nuestro país ha sido cuna de emprendedores, los salvadoreños se rebuscan para crear un mejor futuro cuando la necesidad es apremiante, demostrando que el acero más fuerte se forja con los fuegos más intensos. Según el PNUD, la economía salvadoreña ha experimentado un buen desarrollo industrial, siendo el tercer país de Centroamérica con el índice más alto de desarrollo humano, concentrándose el mayor desarrollo en San Salvador. De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), El Salvador posee un Producto Interno Bruto (PIB) de US$27,548 millones de dólares para el año 2017.

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Frank Campos Coautor de El País que Viene

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A pesar de estos resultados y de los significativos avances sociales, que posicionan al país en el lugar 64 entre 133 según el Índice de Progreso Social (IPS) en 2016, el país aún enfrenta importantes desafíos como la reducción del nivel de pobreza, que correspondía al 45.3 % de la población en el año 2013 (Banco Mundial, BM), la reducción de la desigualdad, el coeficiente de Gini alcanzó el 0.435 en el año 2013 (BM) y el incremento en el nivel de desempleo que llegó a un 7.0 % en el año 2016 (BM). Todavía hay esperanza. Es aquí donde el emprendimiento y la innovación pueden ser la fuente de esa autonomía tanto económica como social. Mientras tanto, los salvadoreños bebemos en la misma copa la alegría y la amargura.

El Salvador debería utilizar los pocos recursos con los que cuenta en gastos más estratégicos que representen beneficios de largo plazo, como en la investigación y la innovación en lugar de usarlos en gastos de corto plazo como remuneraciones (salarios administrativos). Esto no solamente por el monto financiero, sino por el costo de oportunidad que representa utilizar los recursos y esfuerzos en rubros que poco aportan al desarrollo del país.

En cualquier parte del mundo se ha reconocido a los salvadoreños por su talento emprendedor, pero a veces nosotros mismos no nos creemos esa imagen. A pesar de las ya conocidas dificultades de nuestro país como la pobreza, la delincuencia, la desigualdad, entre otras, nuestra gente tiene la fortaleza de ser persistente y, quizás, hasta obstinada a la hora de alcanzar sus sueños. En palabras de Gabriel García Márquez: “los salvadoreños ofrecen soluciones antes de saber el problema. Para ellos nunca hay problema”.

El talento salvadoreño es reconocido por los demás, pero debemos empezar a creérnoslo nosotros mismos. Emprendedores como Lula Mena, Alfredo Atanacio y Violeta Martínez son algunos salvadoreños que representan esta fraternidad, el amor a nuestro país y el respeto a nuestra gente. Estos son emprendedores que han salido de nuestras fronteras, que piensan en grande y que quieren comerse al mundo. Necesitamos más emprendedores como ellos, que exporten las ideas y borren las limitantes que nosotros mismos nos ponemos. El emprendimiento y la innovación forman, en conjunto, el medio para promover el crecimiento y aumentar el desarrollo económico. El Salvador necesita de soluciones creativas e innovadoras para los problemas que siempre hemos tenido. Ya sea como emprendedor o como empleado, todos podemos dar lo mejor para alcanzar esa meta común. Siempre es bueno preguntarnos, ¿qué hacemos para construir el país donde queremos vivir? De los jóvenes y de nuestra iniciativa en el presente dependerá la manera en la que seremos recordados por futuras generaciones.

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