Insoportable el mal olor a podredumbre

Los salvadoreños tenemos la capacidad y experiencia suficiente para comparar las diferentes etapas vividas en nuestro país.
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En el pasado tuvimos administraciones gubernamentales recias, fuertes, como también mediocres, unas dirigidas por militares y otras por civiles; con señalamientos de elecciones fraudulentas, y que ciertas familias practicaban el feudalismo.

Pero a pesar de ello, el país progresaba, crecía, y El Salvador era admirado internacionalmente y considerado como el primer país de Centroamérica con una de las economías más firmes en América Latina, por lo que despertamos la envidia de muchos; y los que se llaman “países hermanos” trataron de parar ese empuje, y para ello urdieron planes para detener nuestro progreso.

Esas administraciones realizaron muchas obras, las que todavía existen a pesar de la destrucción criminal que realizaron los terroristas del FMLN; además, propiciaron el nacimiento de una pujante clase media, que ahora “don Funes” destruyó con sus desaciertos.

Se afirma que en las cuatro últimas administraciones gubernamentales existieron actos de corrupción; lo que es cierto, por eso con mi nombre y apellido presenté demandas a la Corte de Cuentas, Fiscalía General de la República. En los archivos están las peticiones presentadas, por las que renunciaron algunos funcionarios señalados en las demandas; ninguno de los que hoy vociferan contra esas administraciones tuvieron el valor de hacerlo.

Pero jamás en la vida de El Salvador había existido una administración gubernamental tan llena de señalamientos de públicos y de actos de corrupción, como la actual. Además, también la califican como una administración perversa, porque tiene como epicentro la mentira, el engaño, la prepotencia, el desprecio a los salvadoreños, que con nuestros impuestos pagamos a los funcionarios sus salarios, despilfarros, jolgorios, extravagancias, gastos superfluos, hasta de familiares, incluyendo las “amistades de confianza”, mientras el pueblo agoniza en los hospitales por falta de medicinas.

Por eso presentaron y aprobaron las reformas a la ley de información con el visto bueno de “don Funes”. Ahora que no diga que no participó en esas reformas. Basta darse cuenta que con su filosofía “yo soy yo y que muera mi abuela” ordenó el 12 de mayo de 2012 que los gastos de la Presidencia son reservados, por medio de nota que firmó el secretario privado.

Ahora, con el veto pretende ser “el tipo de la película”; esa actuación no se la cree ni el más tonto.

Estamos en presencia de nuevos monopolios que pretenden practicar el feudalismo, los ALBA que nacen con fines político-partidistas y que serán el vehículo para propagar doctrinas totalitarias.

Similar afirmación hice ante los medios de comunicación el 23 de abril de 2008, cuando presenté una demanda a la Fiscalía General contra el grupo de alcaldes que formaron ENEPASA, por haber tomado fondos municipales para las aportaciones sin haber cumplido los requisitos que establecía la Ley reguladora del endeudamiento público municipal, presentando la certificación de la Dirección de Contabilidad Gubernamental del Ministerio de Hacienda de que solo una alcaldía era capaz de comprometerse, las demás no tenían la capacidad ni la autorización para hacerlo por desorden en sus cuentas.

Igual petición hice a la Corte de Cuentas, ambas demandas fueron aceptadas; la Corte de Cuentas realizó las inspecciones de campo y comprobó lo señalado, cayendo en el olvido dolarizado.

ENEPASA es una asociación sin fines de lucro formada por alcaldías del FMLN, pero firmaron con PDVSA de Venezuela un acuerdo en el Palacio de Miraflores, bajo el “ojo del amo” Chávez, para distribuir gasolina y así obtener ganancias.

Por la falta de decisiones firmes de funcionarios y de apoyos decididos se perdió esa oportunidad de declarar la nulidad de ENEPASA, y no existiera Alba Petróleos. Qué podredumbre, limpiemos El Salvador.

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