Intolerancia al periodismo

<p>Hay un enorme retroceso en nuestro país. La Asamblea Legislativa debe ser el lugar donde se debate, donde se parlamente y se lleguen a acuerdos entre las fuerzas políticas, representativas de los distintos pensamientos de la sociedad.</p>
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<p>Sin embargo, la lucha de las ideas dejó la Asamblea Legislativa y se ha trasladado a las calles. El jueves vimos una multitud congregarse, vestida de azul y blanco, en la alameda Juan Pablo II. Dos marchas salieron de dos puntos diferentes y confluyeron frente a la zona de ingreso de la Asamblea Legislativa, en el Centro de Gobierno, donde también hay otras importantes dependencias, como la Procuraduría General de la República, el Ministerio de Gobernación, el Banco Central de Reserva y la CEL.</p><p>Este grupo era muy numeroso y está del lado de los que consideran que los diputados deben cumplir los fallos de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ). Para muchos, los millares que salieron a las calles son la más grande movilización de la derecha en dos décadas.</p><p>Pero el FMLN no se quedó de brazos cruzados mientras le retaban la calle. Grupos afines a la izquierda impidieron que la “marcha de blanco” llegara hasta la Asamblea Legislativa.</p><p>Y al estar tan cerca dos grupos radicalmente tan diferentes, una simple chispa provocó disturbios.</p><p>Además de renunciar al parlamentarismo como método para superar las diferencias, este acto de violencia fue un acto de intolerancia para los periodistas que cubrían el fenómeno.</p><p>Amílcar Mejía, periodista de LA PRENSA GRÁFICA, fue amenazado por un activista, roca en mano, porque filmaba con su teléfono celular cuando quemaban una manta izquierdista.</p><p>El diario CoLatino denunció que uno de sus fotoperiodistas fue rociado con gas pimienta en esta refriega.</p><p>En el parque Centenario, otro reportero de LA PRENSA GRÁFICA, Amadeo Cabrera, fue acosado cuando tomó fotos de los momentos en que se distribuían jugos a los manifestantes. Le quitaron su teléfono celular, una herramienta profesional pues es vital para subir a las cuentas de Twitter @LPGPolitica y @uhprensagrafica y otras redes sociales información e imágenes, además de coordinar las coberturas. Luego de unos minutos de gestionar con uno de los organizadores, un exdiputado tricolor, le fue devuelto el móvil.</p><p> ¿Qué le pasa a la clase política que tiene que recurrir a la violencia contra los periodistas? ¿Cuál es la necesidad de amenazar o agredir a comunicadores?</p><p>El viernes hubo otro acto de intolerancia política hacia los comunicadores. Rafael Mendoza, periodista del área política de El Diario de Hoy, fue expulsado de la Casa del Pueblo.</p><p>Lo acusan de insultar al presidente legislativo, Sigfrido Reyes, sin que haya pruebas contundentes para ello, salvo la declaración de un empleado de la bancada del FMLN y una grabación con una voz fingida que pudo ser la de cualquiera.</p><p> Un vigilante impidió que Mendoza ingresara a la Asamblea, a la que ha ido durante los últimos ocho años a cubrir las sesiones plenarias y reuniones de diputados. El gerente de comunicaciones de la Asamblea, Óscar Alas, alegó que un acuerdo de la junta directiva respalda la restricción contra Mendoza.</p><p>Pero no hay tal acuerdo de la directiva. Y aunque lo hubiese, no hay razón para impedir la libre expresión. El bloqueo a Mendoza ocurrió cuando Reyes se reunía con el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, organismo que promovió la Declaración Americana de los Derechos del Hombre. Uno de ellos es “libertad de investigación, opinión, expresión y difusión”. Irónico, ¿verdad?</p>

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