Inválidos agradecen a benefactores

La Fundación Salume a través de LaGeo, Feed the Children y el Club Rotario de Ciudad Jardín, San Miguel, entregaron donativos a los niños, jóvenes y ahora hasta adultos, unos 100 en total, que atiende la Fundación Solidaria pro Niñez y Juventud, que presido, en Berlín, la cual les agradece profundamente.
Enlace copiado
Enlace copiado
LaGeo, nuestro principal beneficiador, hace poco nos regaló dos computadoras y varios otros útiles efectos. Por su medio y gracias a la gestión de su generoso, capaz y activo presidente, el Ing. Julio Valdivieso, la Fundación Salume mandó 3 sillas de ruedas que entregamos a un niño enteramente inválido; a otro con grave discapacidad y a una ancianita con escasa movilidad.

Feed the Children, magnánima fundación que dirige el berlinés Lic. Ricardo Candray, llevó unas 100 bolsas de arroz vitaminado, traspasado a las madres de los pacientes. El Club Rotario de Ciudad Jardín, San Miguel, entregó bastante ropa usada y tres camas de hierro, provistas de colchones, transferidas a familias de aguda pobreza, para que algunos de sus miembros, por primera vez en la vida, no durmieran en el suelo de tierra.

El Lic. Candray hace unos años nos entregó a FUNDASOLIDARIA tres sillas de ruedas eléctricas, valoradas en unos $15,000, de las cuales una la dimos a Maritza, la paciente insignia desde que empezamos. Como expuse en varias oportunidades, era una jovencita de 17 años cuando empezó a quedarse paralítica. Por la imposibilidad de sus padres para proveerle medicinas y tratamientos, cuando llegó a la fundación solamente movía los antebrazos y, por supuesto, sufría de intensa depresión. Con la fisioterapia, los medicamentos regalados por el empresario farmacéutico de Usulután, don Miguel Ruiz, y el cuidado gratuito de la reumatóloga migueleña Dra. Cecilia Alvarado de Mendoza, mejoró muchísimo. Giraba feliz en su aparato y una responsable pequeña empresaria, Olga Delgado de Pérez, le dio empleo. De repente, la insidiosa enfermedad la reatacó y fueron en balde los esfuerzos, incluso cuidados intensivos en el ISSS, pues falleció, rodeada de una impresionante muestra de solidaridad de gente humilde.

La silla que dejó nos la devolvieron sus genitores y en el acto de entrega a que me vengo refiriendo, se la pasamos a Morena, muchacha que en la temprana juventud cayó de un pick up en retroceso, cuyas ruedas le destrozaron una pierna. Incansable emprendedora pese a su discapacidad, recibió el artefacto con agradecimiento que expresó entrecortada por el llanto.

Ahora nuestra máxima preocupación es Rosa Emilia, a quien dediqué el artículo del 1.º de febrero, por resultas del cual una señora nos hizo llegar una cantidad en efectivo, que invertimos en alimentos que las empleadas de la fundación le llevaban a su, llamémosle así, casa. Lamentablemente, el correo de la dadivosa lectora se me borró y hasta hoy le doy gracias.

Llegó sola a la fundación pues su madre, jornalera en una finca, no pudo acompañarla. Lloraba a chorritos; ya no podía correr y apenas caminaba. Contó que su mal le empezó al caerse de un árbol pues, carente de toda compañía y entretenimiento, quiso ir a jugar con las ardillitas, que veía corretear en las ramas. Su madre la maltrataba y le tenía hondo resentimiento. A su edad debía ir a 9.º grado y estaba a duras penas en 5.º. Nuestra fisioterapista diagnosticó que podía padecer la enfermedad de Maritza.

Predicción lamentablemente cumplida. Está postrada en cama con agudos dolores y escaso movimiento. Hemos logrado que la vean médicos y prescriben inyecciones que cuestan $200 a la semana. Como se dice en casos extremos “aquí sólo Dios”.

Tags:

  • FUNDASOLIDARIA
  • Usulután
  • fisioterapista

Lee también

Comentarios

Newsletter