Invitación a Parker y el PDC: homenajear a Duarte

Mi artículo de la semana pasada ofreciendo por internet libros que tengo la esperanza de publicar, si Dios quiere en breve, tuvo una recepción halagadora.
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Invitación a Parker y el PDC: homenajear a Duarte

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Varias decenas de lectores me escribieron solicitándolos. Confío en poder cumplirles, aunque no sé cómo, pues la correspondencia con grupos es de los arcanos secretos de la computación que no conozco.<p>Dicho sea de paso, un amigo suele decir que las mujeres se parecen a las computadoras en que son costosas, complicadas, difíciles de entender, caprichosas; pero que cuando uno se acostumbra a ellas, se vuelven indispensables.</p><p>Indispensables me son las mías, las máquinas, los ordenadores como les dicen en otros países, y también las mujeres que me rodean: mi secretaria, mis colegas, mis hijas. Pero a diferencia de estas, a las que es posible dar o pedir explicaciones, las compus son impasibles.</p><p>Lo peor, o quizás lo mejor, es que el escrito más solicitado es aquel a propósito del que decía: “El de mayor antigüedad, ‘Cartas a El Salvador’, (es) una síntesis de la problemática que en la diplomacia debía enfrentar el gobierno salvadoreño durante el conflicto armado, por cuya solución negociada abogaba, editado en 1984 por el ISAM (Instituto Salvadoreño de Administración Municipal) en el, para nuestro país, increíble número de 2,000 ejemplares”. Corrijo: lo publicó el Instituto Salvadoreño de Estudios Políticos (ISEP) una de las entidades que en apoyo del socialcristianismo apuntalaba la alemana Fundación Kónrad Adenauer.</p><p>Continuaba: “No se encuentra, naturalmente, en el mercado. Quisiera hacer una reedición, en la que debieran estar interesados los que quieran reivindicar y conservar memoria, de la valiente estrategia internacional de Duarte, como precisamente el Partido Demócrata Cristiano, sucesor del que aquel lideró”.</p><p>Cito estos párrafos porque, repito, es el escrito que recibió más peticiones de envío; pero en especial porque varios de los corresponsales insistían en lo deseable de “reivindicar” la “valiente” política exterior del Gobierno, mejor dicho de los gobiernos de Duarte. Valga la aclaración, demasiado obvia, que de esa valentía fueron coautores figuras como mi querido y respetado amigo Fidel Chávez Mena, o dirigentes como Toño Morales Ehrlich, de quien recibí un educado “gracias” por referirme a él en ocasión de la pérdida de su amada devota esposa, Marina; al contrario del mal agradecimiento de sus hijos, cuando lamenté el deceso de Ney de Duarte, ponderando sus cualidades de madre, luchadora y digna compañera del gran líder, los cuales no se permitieron una letra, un pinche SMS, una llamada, no en atención a mí, desde luego, sino a la memoria que hice de su ilustre genitora. </p><p>Esperaría una reacción distinta del Dr. Rodolfo Parker, no a mis comentarios, sino a los de los lectores, evidentemente, como hay centenares de miles de salvadoreños admiradores de Napoleón, en su tiempo o en la actualidad.</p><p>Lo invito públicamente a que hagamos circular de nuevo las “Cartas a El Salvador”; y celebremos su reaparición en un acto de homenaje, al que varias veces he llamado, y lo reitero, padre de la democracia.</p><p>Es bueno advertir, evitando malos entendidos, que las misivas, remitidas en verdad a entonces líderes mundiales de la socialdemocracia, como Billy Brandt o Francois Mitterand, eran severamente críticas de su soporte a la guerrilla, a la sazón por propias confesiones marxista leninista, auspiciando para nuestro país un régimen que ni por asomo hubieran predicado para los de ellos, con lo cual aprovechaban la tragedia salvadoreña para darse aires de izquierda.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>

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