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Involución

La experiencia del “servicio público” es imborrable. Nos deja la conciencia inquieta, viva en el deseo de continuarlo, desde la trinchera en que nos encontremos.
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Estamos instalados, por nacimiento en un mundo preocupado y ocupado, con historia, con conciencia, individual, social, histórica, con insatisfacción social.

No podemos ignorar la realidad que social y familiarmente nos oprime cada día más. Se hace tan difícil vivir en El Salvador, que la emigración crece y crece, ante ojos gubernamentales que aparentan no ver la dramática realidad.

A mitad del camino del presidente Sánchez Cerén vemos un 2017 con profundo escepticismo.

El tránsito histórico de los últimos cien años nos pone una nota muy baja en el campo histórico-social. Ha habido de todo: gobiernos producto de fraudes electorales, regímenes militares, planificación económica, modelos no aplicados, guerra, conciliación, democracia, etcétera; y aún así, no superamos el subdesarrollo.

Hablamos y hablamos y no vemos políticas públicas que produzcan satisfacción social; obviamente no hay capacidad ni de diseñarlas, menos de ponerlas en práctica.

Hay confrontación y más confrontación. Receta fatal para el desarrollo.

Se inicia un diálogo político, pobre y empobrecido intencionalmente. Como si dialogar fuera un pecado político.

El 2016 nos deja una realidad que debemos superar:

El analfabetismo político gubernamental.

Indisciplina fiscal habitual. Un Ministerio de Hacienda que desconoce la sinceridad presupuestaria y cada año, presenta:

Ingresos sobredimensionados.

Egresos ocultos o disfrazados.

Con desfachatez el primer ministro exige a la oposición aprobar el presupuesto desfinanciando; más aún, chantajea culpándola de la falta de inversión pública en 2017. Como si esa fuera la única posibilidad de salvación.

Lo primero debe ser lo primero. Esto es que presenten un presupuesto aprobable.

Se ve venir una ciudadanía preocupada, pero sin disciplina, consciente de la demagogia del GOES, de la falta de visión y capacidad de los gobernantes para superar la crisis. Hay pequeños encuentros políticos a la par de grandes desencuentros.

El modelo que el presidente ofreció cambiar, hace 30 meses, sigue intacto.

Vemos que la mentira política, constitutiva de estafa social, es el discurso político más usado del GOES y el partido oficial.

Para muestra el Discurso Presidencial, con contenido que nadie cree ni acepta. Son abundantes los análisis y opiniones sobre el tema, lamentablemente el interlocutor gubernamental está o aparenta estar sordo y ciego.

Ante esta realidad, los ciudadanos no podemos callar. Es un imperativo de conciencia expresarnos.

El inicio de este nuevo año nos plantea el más difícil escenario político, social y económico. No hay disyuntiva. Todo será electoral.

El sector gubernamental, que es desde donde se desarrolla y crece un país, no vemos que dé muestras de cambio desde su paso montañoso al GOES. No quieren o no pueden. Da igual, involucionamos. Retrocedemos en todo.

Andrés Bello a mitad del siglo XIX expresó: “Muy frecuentemente quienes no pueden construir encuentran placer en destruir”.

Nuestro deseo ferviente es que en el ansia de ganar elecciones se comprenda la instauración de políticas públicas que aborden los grandes temas: educación, seguridad y desarrollo humano, no programas de folleto que no pasan de ser parches mediáticos sin resultados positivos satisfactorios. Humanizar es impartir justicia en el concepto antiguo, que por elemental, es actual: “dar a cada uno lo que le es suyo”, “dar a cada uno lo que le corresponde”. Ese “DAR” es el servicio público bien entendido. Es la esencia de la política y meta del sistema democrático: El Bien Común.

Esforcémonos todos en esa lucha para alcanzar ese mínimo de satisfacción social que nos demandan, desde el metro cuadrado de cada uno. Profesor: Tú primero. ¿Cuándo arrancas?

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