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Irrespeta El Salvador la Carta Democrática Interamericana

En vista de que las relaciones exteriores de El Salvador están siendo regidas por intereses políticos partidarios, la Asamblea Legislativa puede recomendar que se normalicen las relaciones con Brasil, antes que estas se deterioren.
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Al retirar a nuestro embajador ante Brasil y expresar públicamente su disconformidad con los procesos constitucionales y judiciales de dicho país, El Salvador ha faltado a los principios que rigen la OEA y la Carta Democrática Interamericana y, más grave aún, es que lo ha hecho siguiendo los lineamientos de una potencia extranjera, Venezuela. Al faltar a dichos principios, ha afectado la soberanía interna de El Salvador, en relación con su mandato constitucional y al desconocer al legítimo Gobierno del Brasil, por cuestiones ideológicas, lesiona la soberanía de dicho país.

El artículo 1.º de la Carta Democrática Interamericana dice: “Los pueblos de América tienen derecho a la democracia y sus gobiernos la obligación de promoverla y defenderla”. En tal sentido, todo acto realizado en apego al orden constitucional de Brasil debe ser respetado por todos los Estados miembros de la OEA y, si hubiese alguna situación de grave alteración del sistema constitucional, debería aplicarse el Artículo 20.º de dicha Carta, y proceder dentro del seno de la OEA. No lo han hecho los Gobiernos ni de El Salvador ni de Venezuela.

Débese entender que la representación de que gozan el señor presidente de la República y sus ministros es dentro de los intereses propios del pueblo salvadoreño, en apego estricto al orden constitucional e internacional vigente. Las simpatías partidarias, a favor del Socialismo del Siglo XXI, obedeciendo peticiones del Gobierno de Venezuela, quedan fuera de toda consideración válida, para el ciudadano salvadoreño: han alterado el orden constitucional salvadoreño, tanto el presidente como su canciller.

La Carta Democrática Interamericana resulta vinculante para los Estados Miembros, en virtud de la “opinio juris”, esto significa que los Estados aceptan y reconocen como uno de sus principios fundamentales el fortalecimiento de la Democracia representativa y la aplicación de las diferentes contralorías de poder, considerando además, que la democracia es el único sistema válido. La suspensión de la presidenta Dilma Rousseff por 180 días es precisamente por haber realizado actos contrarios al sistema democrático brasileño, declarado así, luego de los respectivos procesos en la Asamblea y en el Senado.

En vista de que las relaciones exteriores de El Salvador están siendo regidas por intereses políticos partidarios, la Asamblea Legislativa puede recomendar que se normalicen las relaciones con Brasil, antes que estas se deterioren. Hemos visto otros serios errores diplomáticos: Preferir el Frente Polisario por sobre Marruecos, nuestro tradicional canal de comunicación diplomática con el mundo árabe; esta preferencia se debe a la línea revolucionaria y separatista del Frente Polisario, que pretende segregarse de Marruecos. Hemos preferido a Palestina, por la ayuda que dio la OLP al FMLN, durante su lucha armada, sin atender nuestras relaciones diplomáticas tradicionales con el Estado de Israel. Ahora preferimos seguir las decisiones políticas de Venezuela, por la relación partidaria del FMLN con el ALBA.

El Salvador también manipuló al ex secretario general de la OEA José Miguel Insulza, involucrando a esta entidad internacional en un proceso de tregua, que no solo fue fraudulento, sino ilegal, e inconstitucional.

Todos estos errores políticos perjudican las relaciones internacionales de nuestro país y considerando que no debemos intervenir en los asuntos internos de otro Estado, muy conveniente sería que se restableciesen las relaciones con Brasil. La simpatía existente entre quienes creen en el Socialismo del Siglo XXI no debe de traspasar las fronteras de quienes las sostienen, pues de hacerlo, se estaría interfiriendo con la soberanía de otra nación latinoamericana. La visión geopolítica del ALBA es nociva para la unidad latinoamericana, dentro del seno de la comunidad continental.

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