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Jesús y la Semana Santa

No se debe confundir la Semana Santa con el libertinaje que está viviendo la sociedad salvadoreña, que le ha dado rienda suelta a los placeres, como carnavales, orgías, drogas y alcohol, pero se han olvidado que el propósito es recordar la pasión, muerte y resurrección de nuestro glorioso Señor Jesucristo que vino al mundo para que todas las personas sean salvas por él. Sin embargo, la humanidad sigue rechazando el plan de salvación.
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Es decir, que han permitido que el mal gobierne sus mentes, por ello vemos algunas personas con gran acumulación de riquezas, pero insensibles ante la necesidad de los demás compatriotas y en lugar de pagar salarios dignos prefieren la explotación apropiándose de la mano de obra de forma indebida. No obstante, existen buenos empresarios que sí gustan de compartir sus riquezas con los más necesitados, pero son pocos y en vías de extinción, así también tenemos profesionales aprovechándose de sus conocimientos para venderlos al mejor postor y no faltará uno que otro en inventar problemas para incrementar el cobro sus honorarios.

Lo mismo ocurre con algunos funcionarios, hasta llegar al empleado público, que corrompen sus áreas de trabajo, haciendo tráfico de influencias, nepotismo, maltrato al público sobre todo a las personas de humilde condición. Pero cuando se trata de hacer contrataciones mueven mar, cielo y tierra para que contraten a sus más próximos, dejando sin empleo a aquel salvadoreño que se ha preparado académicamente y tiene las competencias para optar al puesto, pero lamentablemente no tiene el padrino en el Gobierno para ser contratado.

O sea que los actos de corrupción ocurren en todo nivel y en toda organización sea privada pública o sin fines de lucro como las iglesias y universidades, por ello el Señor Jesucristo nos mandó: No hagamos tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

En consecuencia, los grandes problemas de El Salvador, como la violencia, desigualdad, insensibilidad, corrupción, adulterio, fornicaciones y vicios, nacen por haber abandonado los principios bíblicos y el haber sacado a Jesucristo de las aulas escolares y de los hogares. Por ello se tienen generaciones que no tienen temor de quitarle la vida a otro ser humano o robarle la fuerza de trabajo a su prójimo, porque desconocen que Jesús ha ordenado que nos amemos unos a otros, sin importar las diferencias que podamos tener.

Entonces la única solución que tiene El Salvador, para salir de la violencia, es cumplir lo que dice 2 Crónicas 7:14. “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”, esta fue la oración que hizo el Rey Salomón, donde pidió a Dios misericordia por los pecados del pueblo.

Dios contestó con cuatro condiciones para el perdón: humillarse y admitir los pecados, orar a Dios pidiendo perdón, buscar a Dios continuamente y volverse de los malos hábitos. El verdadero arrepentimiento es algo más que palabras, es un cambio de conducta. Ya sea que pequemos individualmente, como grupo, o como nación, el seguir estos pasos nos llevará al perdón y a la prosperidad cono nación. Ruego a Dios para que el pueblo y nuestros gobernantes reconozcan que sin Jesucristo no somos nada.
 

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