Jóvenes constructores de paz positiva

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Por Raquel Orellana Coautora de El País que Viene

La palabra “paz” ha tomado mayor fuerza en nuestro país en los últimos años. La paz es percibida por muchos como un anhelo y una meta. En lo personal, considero que una cultura de paz interiorizada dentro una sociedad genera un efecto en cascada, con múltiples resultados positivos como respeto y protección de los derechos humanos, tolerancia, responsabilidad social e individual, gestiones públicas transparentes, entre muchos otros.

Para comprender mejor esta palabra, me gustaría traer a la reflexión algunas de las aproximaciones teóricas propuestas por el sociólogo y matemático noruego Johan Galtung. Dicho autor aborda la conceptualización de la paz desde dos perspectivas: la paz “negativa” y la paz “positiva”. La primera hace referencia básicamente a la ausencia de guerra o conflicto armado; incluye también la indiferencia o el mantener un rol de observador ante las injusticias.

La paz “positiva”, por su lado, se refiere a la construcción dinámica de la justicia social y la búsqueda exhaustiva de maneras de prevenir posibles conflictos futuros o saber transformarlos en situaciones que beneficien a las dos partes en pugna; requiere de esfuerzos y compromisos individuales como colectivos (Galtung, 1964 citado en Calderón, 2009).

La paz positiva implica un gran esfuerzo y compromiso. Paulo Freire (1986) comenta al respecto: “La paz se crea y se construye con la edificación incesante de la justicia social”. Para lograrlo, se necesita educar en paz. Esto indica que la experiencia educativa en sí misma debe ser lo suficientemente transformadora y significativa para convertirse en un estilo de vida. Que desde la casa y en las escuelas la niñez y juventud sea capaz de reconocerse como titulares y garantes de derechos. Infiere que los estilos de crianza en las familias y las prácticas docentes transmitan no solo los conocimientos sobre cómo construir la paz, sino que sea un eje transversal y vivencial dentro de las relaciones interpersonales.

La educación es una estrategia eficaz para combatir la violencia, es generadora de oportunidades y enriquece la cultura de un país. Una educación en la cultura de paz abre nuestras mentes, y nos permite enriquecer nuestros pensamientos con responsabilidad social, solidaridad y búsqueda de la justicia.

Adicional a la educación, existen formas concretas con las que la juventud actual de nuestro país ya está construyendo paz positiva, incluso sin darse cuenta: 1) incidencia política, 2) emprendimiento social y 3) voluntariado.

Al hablar de “incidencia política” no me refiero estrictamente al ser miembro activo de un partido, sino que se inicia por cumplir los deberes que como ciudadanos nos corresponden. El emprendimiento social, por su parte, es un modelo de negocio que promueve procesos productivos que protegen al medio ambiente y, al mismo tiempo, son fuentes de empleo y brindan propuestas innovadoras a una problemática de la realidad actual.

La tercera forma de construir paz positiva a la que quiero invitar es el voluntariado. Sin duda es un ejemplo de cómo el activismo y la participación juvenil va tomando fuerza. Sin importar cuál parte de la realidad se intenta cambiar, lo verdaderamente relevante es que se está haciendo algo para que este mundo sea un lugar mejor.

Tal como Gandhi lo expresó: “No hay caminos para la Paz, la Paz es el Camino”. En estos momentos, El Salvador cuenta con una generación transformadora de realidades. Y tú, ¿te sumas?

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