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Julio Riaño, el embajador colombiano amigo de El Salvador

Lo conocí recién llegado hace 5 años cuando yo era funcionario público. Llamó mi atención su amabilidad, sus buenos modales, su impecable forma de vestir y su conservadora apariencia. Una tan sola vez, en la casa de playa de amigos comunes, lo vi sin saco y corbata. Al principio creí que se trataba de un aburrido conservador diplomático de carrera, ignorando entonces su prolongada y sustantiva trayectoria diplomática, su “savoir faire”, su refinado sentido de humor, su contagiosa jovialidad y su férreo compromiso con la democracia y la institucionalidad.

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Alberto Arene / Economista/analistaInternacionalmente

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Después de representar tan ejemplarmente por 5 años a su país en el nuestro, su presidente le pidió hacerlo en el Vaticano, con Washington, de las posiciones más importantes de la diplomacia colombiana. Por la próxima visita del presidente Santos al papa para agradecerle su apoyo a la paz, y la importancia de su continuo apoyo, y por la probabilidad que el candidato de la oposición gane las próximas elecciones, se necesitaba un embajador que entusiasta y rápidamente fuera aceptado por el Vaticano, y que además lo fuera por el –probable– próximo presidente de Colombia. Pocos podían reunir semejantes requisitos. Experimentado embajador de carrera de cuatro décadas, con excelentes relaciones en la Iglesia católica y en el Vaticano, amigo de Santos pero también del Senador y expresidente Uribe y del senador y candidato presidencial Iván Duque del Centro Democrático, nadie mejor que Julio Riaño para esa importante representación en la Santa Sede.

El embajador Riaño contribuyó al fortalecimiento de la Cámara de Comercio Colombo-Salvadoreña creciendo considerablemente en este período las inversiones colombianas en nuestro país y las salvadoreñas en Colombia, y el comercio entre ambas naciones.

Y Riaño fue uno de los embajadores que en los últimos 5 años, tanto privada como públicamente, más apoyó la institucionalidad democrática del país, particularmente a la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia en sus más difíciles momentos en que parecía que –literalmente– sería asaltada por poderes adversos.

Cuando el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) celebró una sesión extraordinaria (31.1.2015) solicitada por Colombia ante la “grave crisis humanitaria” con “deportaciones arbitrarias y maltratos” de Venezuela en la frontera de ambas naciones, El Salvador integró el bloque de 17 países que votaron a favor, saliéndose del bloque venezolano que logró –apenas– evitar la convocatoria a la reunión de cancilleres. Creemos que el embajador Riaño, discreta y persuasivamente, contribuyó a esta excepción de nuestra política exterior con Venezuela que casi le cuesta el puesto al canciller después de aquella insolente llamada de Maduro desde China a uno de los más altos dirigentes del FMLN...

Fue precisamente el canciller Hugo Martínez que condecoró esta semana al embajador Riaño con la Orden Nacional “José Matías Delgado” en el Grado Gran Cruz de Plata.

Con tanta obra buena, la Asamblea Legislativa lo declaró “Noble Amigo de El Salvador” reconociendo su “contribución significativa al fortalecimiento de los entrañables lazos de amistad que unen a los pueblos salvadoreño y colombiano, mediante el impulso de proyectos y programas en diversos ámbitos y sectores de la sociedad salvadoreña, lo que ha favorecido a las relaciones económicas, comerciales, humanitarias, científicas, culturales, de integración y cooperación que existen entre ambas naciones”.

Por estar fuera del país, no pude acompañarlo esta semana de despedidas y reconocimientos diversos. A él y a su esposa Pilar –su encantadora, auténtica e inteligente complemento– nuestro reconocimiento por haber contribuido a profundizar tanto las relaciones entre nuestros países, y por su amistad.

Washington D. C., 4 de abril

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