Lo más visto

Juntos podemos

La única forma de parar a un gobierno con credenciales totalitarias es la participación decidida y valiente de la sociedad.

Enlace copiado
Enlace copiado

Expresidente de ANEPEl acuerdo político alcanzado con la reforma de pensiones es un ejemplo palpable de lo que la ciudadanía puede lograr cuando se une para defender sus derechos y exigirle a sus diputados que legislen conforme a la voluntad del soberano que los eligió.

Lo que motivó la supuesta voluntad de los partidos políticos de consensuar solución que respetara los ahorros de los trabajadores fue la valiente y sostenida defensa del sector privado, movimientos sociales, organizaciones sindicales y tanques de pensamiento. La madurez mostrada por los partidos de oposición en esta materia consistió en hacer eco de las demandas ciudadanas. Ante esto, al partido oficial y al gobierno no les quedó otra salida que flexibilizar su posición.

El FMLN comenzó a sentirse contra la espada y la pared con la campaña de “El robo del siglo”, que puso a los salvadoreños sobre aviso de las intenciones del gobierno de despojarlos de sus ahorros para su jubilación. La suma posterior de los sectores laborales y de los movimientos de la sociedad civil le dio más fuerza a esa campaña.

Estos sectores no se limitaron a oponerse, también propusieron una alternativa que beneficiaba a los trabajadores, al paso que creaba mecanismos para asegurar al gobierno el financiamiento de las pensiones del sector público. Afortunadamente, los partidos de oposición retomaron esa propuesta y concertaron una opción de reforma que avalaron las organizaciones de los trabajadores. Luego vino la lucha por hacer entrar en razón al partido oficial y al Ejecutivo.

El FMLN se opuso, como siempre, pero ya no tenía fuerzas ni tiempo. Se le hizo cuesta arriba seguir con su juego de todo o nada y, a regañadientes, tuvo que ceder en su intención de saquear los ahorros de los salvadoreños. No fue el triunfo de la “racionalidad” del partido de gobierno lo que le llevó al acuerdo, sino la unidad ciudadana la que doblegó al poder.

Este largo y desgastante episodio nos deja una lección fundamental: La única forma de parar a un gobierno con credenciales totalitarias es la participación decidida y valiente de la sociedad y una oposición política consciente de que enfrenta a un adversario que ocupa el diálogo como estrategia de distracción y engaño.

Los partidos de oposición deben cuidarse de no caer en la farsa negociadora del gobierno. En el pasado se han dejado embaucar y por eso estamos como estamos. Hoy ha quedado claro que los esfuerzos para encontrar soluciones consensuadas a los problemas nacionales son importantes, pero nunca deben hacerse al margen de lo que es correcto.

Pero no todo ha terminado. No se había secado la tinta del decreto de reforma cuando los voceros del partido oficial ya anunciaban una nueva ofensiva. Esta podría concretarse con tratar de revertir la reforma –como lo anticipó la diputada Lorena Peña: “cuando tengan los votos”– o, en el peor de los casos, aumentando impuestos. Tengamos siempre presente que la ambición de poder de los que no saben vivir en democracia es insaciable.

Los salvadoreños estamos hastiados de tanta mentira y del fracaso del modelo que el FMLN pretende imponernos. Por eso, quienes amamos la democracia continuaremos participando en la construcción de un mejor país. Confiamos en que los partidos políticos nos acompañen, conscientes de que los electores los premiarán si se unen a sus legítimas demandas y los castigarán si traicionan sus aspiraciones. Ya vimos que juntos podemos.

Lee también

Comentarios