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Juventud: ¿motor del desarrollo y promesa para el país?

Hoy, 12 de agosto, se celebra el Día Internacional de la Juventud. A propósito de esta fecha caben muchos debates sobre las condiciones culturales, sociales, biológicas y económicas en las que se desenvuelve este grupo etario tan estratégico y vinculante con la última línea de subsistencia del país.
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El Salvador es una nación joven, el promedio de edad de la población es de 29 años. Un millón 700 mil jóvenes tienen entre 15 y 29 años. La juventud es entusiasta con sus proyectos, soñadores por derecho propio y con causas comunes por las que se esfuerzan; pero también contamos con más 60,000 jóvenes que forman parte de las maras. Ellos se han convertido en temidas figuras para la población, son ejemplo de la falta de la construcción de oportunidades y las prioridades de todos los gobiernos de la posguerra.

El Salvador necesita personas que sean motores del desarrollo, promesa para el país, y actores de cambio, para ello debemos tomar con seriedad esa expectativa y transformar los desaciertos en oportunidades, la politiquería barata en agenda pública. ¡Debemos actuar!

En este momento histórico que atravesamos no hay conexión entre la agenda pública, los intereses políticos y el clamor social. Nuestros adultos están hartos, nuestros jóvenes olvidan su espíritu y se impregnan de apatía. Es urgente transformar el rol de los políticos y el compromiso de las instituciones.

Mientras los círculos político-intelectuales debaten si X medida es populista o no; mientras se cuestionan entre sí, si la ideología política trae consigo legitimidad para ver los errores en el otro, hay miles de jóvenes que necesitan oportunidades para aprender, para crecer, para aportar, para crear. La juventud tiene la responsabilidad de convertirse en ciudadanos de bien para poner la ilusión y fuerza a disposición.

Los jóvenes deben estar convencidos de que suman a un futuro provechoso, no a un cuarto oscuro de componendas. Urgen las oportunidades y que desaparezca la mediocridad y la desesperanza.

Seremos un El Salvador nuevo en la medida que los hijos más jóvenes rechacen los vicios de las viejas generaciones, en la medida que se valore la capacidad creadora de cada salvadoreño, en la medida que sean conscientes de su arrolladora capacidad de trasformación.

Seremos un país brillante, posicionado en el mundo y con ciudadanos formados y con espíritu crítico, pero la ruta para llegar a ese momento no empezará si no invertimos en la juventud y si no actuamos en consecuencia. Cada elección que hagamos como personas, como ciudadanos y como país, requiere responsabilidad, disciplina y esfuerzo.

Urge construir un horizonte común. Convertir a la savia nueva de esta tierra como los abanderados de las transformaciones y de la vanguardia. Valorar, sin retórica, a la juventud como el motor del desarrollo y la verdadera promesa para el país es una necesidad impostergable.

@diegoechegoyen

Tags:

  • jovenes
  • el pais que viene
  • libro

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