Juventud, salud y desigualdades

“Horizonte común”, para mí, evoca el futuro, un futuro donde todos somos partícipes para mejorar nuestro desempeño en todas las áreas de la vida.
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Implica tener metas comunes y trabajar juntos para poder lograrlas. Nos empuja a dejar de pensar solo en lo individual, y más bien a pensar como una colectividad, donde cada uno aporta según sus dones y conocimientos. Solamente así se podrá llegar a ese objetivo común, porque juntos siempre somos más fuertes. De manera más general, es pensar en políticas públicas que mejoren el bienestar de la populación en todos los aspectos sociales.

En 2009, la Organización Mundial de la Salud (OMS), a través de la Comisión sobre Determinantes Sociales de la Salud (CDSS), publicó un reporte intitulado “Subsanar las desigualdades en una generación: alcanzar la equidad sanitaria actuando sobre los determinantes sociales de la salud”.

En ese reporte se deja muy claro que las diferentes políticas sociales y económicas afectan de manera directa la salud de un individuo. Expone cómo los determinantes sociales como el nivel de educación, por ejemplo, dictan cómo será la salud y el desarrollo de un individuo, entonces, la condición socioeconómica de un individuo puede ayudar a predecir la mortalidad y la morbilidad de una población.

Por una parte, creo que es importante mencionar que lo que influye en gran manera el más alto nivel de educación alcanzado por un individuo son los parámetros con los cuales crece en su niñez. Por otra parte, hay diferentes políticas y leyes que empujan o incluso obligan a los padres a inscribir a sus niños en la escuela a una cierta edad, y políticas que establecen una edad para abandonar la escuela y para obtener un permiso de trabajo; las cuales se supone podrían tener un impacto en la salud. Además, hay un vínculo entre las oportunidades de empleo y la educación.

Considerando los diferentes aspectos mencionados, es importante que las juventudes, que un día serán los líderes del país y adultos influyentes, tomen en cuenta la importancia de invertir recursos en la educación de los niños, hasta en los lugares más remotos. Eso permitirá incrementar el valor social atribuido a la educación (UNICEF, 2013).

El Ministerio de Educación de El Salvador (MINED), a partir de 2009 y 2010, retomó el nivel de Educación Inicial como una responsabilidad, y eso tuvo como resultado mejorar la cobertura de ese nivel y la escolaridad promedio era de 6.2 grados en El Salvador (UNICEF, 2013).

Si la juventud es capaz no solamente de adquirir una educación base, sino también un alto nivel de educación, podrá tener más herramientas y recursos que le ayudarán a tener una mejor salud. La educación permitirá a la juventud adquirir habilidades cognitivas que le ayudarán a tomar mejores decisiones relacionadas con la salud.

En El Salvador debemos continuar con los esfuerzos para alcanzar los objetivos establecidos por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), que tienen como fin asegurar la educación universal y asegurar la calidad de la educación. En fin, el nivel de educación sigue siendo un indicador de la situación socioeconómica sobre el cual se puede actuar; y si actuamos para aumentar ese nivel tomaremos un paso hacia adelante para reducir las desigualdades sociales en salud en El Salvador.

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