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Kurdistán, actor clave en conflicto sirio y del Oriente Medio

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David Hernández / Escritor

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Uno de los pueblos más antiguos del Oriente Próximo es el de los kurdos, descendientes de la civilización mesopotámica Meda y asentados en la región desde hace 5,000 años. Con una población calculada en 30 millones, se distribuyen en países como Turquía (15,000,000), Irán (8,000,000), Irak (4,000,000), Siria (2,000,000), medio millón en Repúblicas del Cáucaso (Georgia, Armenia y Azerbaiyán), medio millón en Alemania, medio millón en Francia y los Países Bajos. Su territorio abarca un área de 400,000 km²; con 190,000 km² de Turquía, 125,000 km² de Irán, 65,000 km² de Irak y 12,000 km² de Siria, donde se encuentran las reservas petrolíferas de Irak e Irán y la totalidad del petróleo sirio.

Es el grupo étnico más numeroso del planeta que pese a tener lengua, religión y una cultura común, no dispone de territorio. Combatidos a sangre y fuego por los Estados nacionales donde conforman minorías, debido a sus aspiraciones independentistas, su geografía se extiende de las montañas de Anatolia a los montes Zagros. Los ríos Tigris y Éufrates nacen en su territorio, no es casual entonces que se les considere los inventores de la agricultura.

Agrupados en Turquía en el Partido Kurdo de los Trabajadores (PKK), son considerados una organización terrorista, al igual que su par en Siria, los Comités para la Protección del Pueblo Kurdo (YPG). Lo irónico es que en el actual conflicto contra el Estado Islámico (EI), los kurdos han sido los grandes aliados, tanto del Bashar el Assad, del gobierno sirio, como de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), que apoya a los “peshmergas” (guerrilleros kurdos) en su combate contra el terror del EI.

En Irak fueron decisivos para derrocar a Sadam Hussein, allí controlan una tercera parte del territorio iraquí, donde se ubican los grandes reservorios de petróleo de Kirkuk y Erbil. En Irán, los kurdos suman el 17 % de la población, y el petróleo que se extrae es el 20 % de la producción nacional.

Hay excelentes relaciones entre los kurdos de Irán e Irak, lo que sumado a la afinidad de los kurdos de Turquía y Siria, hacen de esta etnia el coctel más explosivo de la región, toda vez que en la práctica, son los que estarían controlando la producción de petróleo en las áreas geográficas estratégicas de estos cuatro países.

Mientras para Rusia y China son aliados temporales contra el EI, para Estados Unidos (EUA) representan un factor desestabilizador tanto en Irak como en Turquía, país miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

En un mismo abanico de variantes, los kurdos estarían representando tanto para Israel como para EUA un contrapeso a la hegemonía chií iraní que constituye el Eje de Teherán que controla gran parte de Irak, Irán, Siria, Yemen y Líbano. Y que tiene en Arabia Saudita y las monarquías sunitas aliadas su principal enemigo.

Contribuyeron a la desmembración del Imperio Otomano, el tratado de Sèvres de 1920, les prometió la independencia que años después se convirtió en papel mojado. A pesar de todo este historial, quizás por lo amenazadoramente subversivo que el pueblo kurdo representa para todas las potencias de la región, parece haber un pacto no escrito de negarles un país y una bandera común.

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