LA PRENSA GRÁFICA, ante la reforma a la Ley de Imprenta

Sí, setenta años transcurrieron desde la adopción de esa Ley, y ayer, antojadizamente y sin mediar ningún debate ni análisis, el oficialismo disfrazó su afán de censura y galvanizante revanchismo de tecnicismo y borró a los periódicos del Artículo 8, relativo a las exenciones tributarias. Procedió ignorando que la inspiración misma del constitucionalista de 1886 y ratificada por el de 1950 fue que la Ley no protegiera sólo al impresor sino fundamentalmente al periodismo como vehículo de difusión del pensamiento por excelencia.

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La Prensa Gráfica

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La Ley de Imprenta establece en su primer Artículo que "todos los habitantes de El Salvador tienen derecho de imprimir y publicar sus pensamientos por la prensa, sin previo examen, censura ni caución". Y desde la aparición del "Semanario político mercantil de San Salvador", en 1824, las páginas de los periódicos han sido la quintaesencia de la expresión del pensamiento en nuestro país.

Sólo en el periodo inmediatamente posterior a la proclamación republicana, entre 1824 y 1850, se estima que 50 diferentes periódicos vieron la luz, con contenido tanto político como cultural y comercial. El medio impreso como aparato cultural fue crucial en la formación de la conciencia nacional y en el desarrollo de la dinámica discursiva de ese siglo.

Desde entonces, a través de los avatares del desarrollo democrático, el periodismo ha sido un vehículo imprescindible para la formación de opinión pública, la fiscalización al poder y el desarrollo cultural y educativo. LA PRENSA GRÁFICA y sus 106 años de empresa lo atestiguan; las modernas contribuciones a la alfabetización, al refuerzo educativo y al cultivo del pensamiento han honrado la inspiración con la que nuestro fundador, José Dutriz, fundó este periódico.

Es imposible entender el desarrollo, divulgación y debate de las ideas en El Salvador sin la figura del periódico. Tanto es así que la Ley de Imprenta gira alrededor de los usos y alcances del trabajo periodístico y su expresión impresa. El articulado de ese cuerpo de ley no versa sobre ninguna otra cosa. Por eso, entre otros temas, cuando explora los posibles abusos a la libertad de imprenta, establece como excepciones "cuando se censura la ley o las autoridades y funcionarios, siempre que éstos no se porten como deben en el ejercicio de sus funciones", "cuando los hechos privados de los ciudadanos se refieren a maquinaciones tramadas contra el Estado" y "cuando se censuren los abusos introducidos en el culto y en la moral para su conveniente reforma".

Son todas excepciones relacionadas con el ejercicio de la crítica y la investigación connatural al periodismo. Que en la historia salvadoreña, siempre acechada por el apetito autoritario, los periódicos hayan sido el refugio de muchos de nuestros más potentes librepensadores no fue casualidad, reducto por excelencia de la argumentación y el debate. Es una convención transversal a la sociedad y a la nación, reconocida por la Asamblea Nacional Constituyente en una primera Ley de Imprenta, datada en 1886.

Nadie puede alegar que el espíritu de esa Ley, que concibe a la imprenta como herramienta al servicio del periodismo, no anima el articulado actual toda vez que en 1950, los legisladores sólo adoptaron el texto de 1886 mientras producían una Ley de Emisión del Pensamiento, propósito finalmente no cumplido.

Sí, setenta años transcurrieron desde la adopción de esa Ley, y ayer, antojadizamente y sin mediar ningún debate ni análisis, el oficialismo disfrazó su afán de censura y galvanizante revanchismo de tecnicismo y borró a los periódicos del Artículo 8, relativo a las exenciones tributarias. Procedió ignorando que la inspiración misma del constitucionalista de 1886 y ratificada por el de 1950 fue que la Ley no protegiera sólo al impresor sino fundamentalmente al periodismo como vehículo de difusión del pensamiento por excelencia.

Como argumento central, se dice que los periódicos no estaban sujetos a ningún impuesto, que las exenciones tributarias eran un beneficio injustificado para esta industria, que la tributación no inhibe ni limita la actividad periodística y que no son especie de interés nacional.

Que los periódicos no pagaban impuestos es una falacia que esta empresa ha soportado durante varios años; no se respondió hasta ahora por considerar que en nuestro servicio a la sociedad no cabían estas líneas de mediano interés. LA PRENSA GRÁFICA ha pagado todos los impuestos que le han correspondido por ley, y lo mismo sus accionistas.

La exención contemplada en el Artículo 8 en 1992 no puede considerarse un beneficio injustificado atendiendo al apuntado espíritu de toda la Ley de Imprenta, para lo cual hay que irse no sólo a la discusión de 1950 sino a lo establecido por el Constituyente en 1886.

Finalmente, argüir que la tributación no inhibe ni limita la actividad periodística es una tesis innecesaria. En lo que a LA PRENSA GRÁFICA respecta, cumplir con las obligaciones de Ley está implícito en nuestro ideario, el mismo que sostiene que la dependencia o connivencia con el poder gubernamental equivale a la traición de los deberes de la empresa periodística.

El periodismo es especie de interés nacional. En estas horas amargas en las que el Estado de derecho y la democracia son agredidos por una facción obsesionada con la acumulación de poder, hoy más que nunca el servicio de información y formación de opinión pública es un servicio a El Salvador.

LA PRENSA GRÁFICA considera la modificación a la referida Ley una agresión a la difusión del pensamiento, a la libertad de prensa y al derecho de acceso a la información, y no se ahorrará desvelos en hacer valer no sólo su derecho empresarial sino los derechos ciudadanos de los que nuestro periodismo ha sido, es y será garante.

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