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LTI: Palabras

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En 2018 tuve la oportunidad de conocer una de las sucursales del infierno: Auschwitz-Birkenau. Un espacio que hoy es un símbolo de maldad, de pérdida de rumbo de la humanidad, un lugar donde la esperanza se desdibuja y donde las almas de millones de asesinados te obligan a concentrarte en lo que presencias. Ese lugar donde la muerte se transformó en un producto industrial, donde se aplicaron técnicas para asesinar en masa, donde se ejecutó "la solución final" ideada por el Tercer Reich de Adolfo Hitler.

El campo de concentración que visité fue uno de los centros de exterminio de personas judías y no judías (también mataron a testigos de Jehová, prisioneros políticos, homosexuales, gitanos y otros), que operó entre 1940 y 1945, en el cual mataron a más de un millón cien mil personas. El día de hoy, lo que queda del campo de concentración se utiliza para exhibir evidencia del holocausto: prendas de vestir apiladas en voluminosas cantidades, barracas completamente cubiertas (del suelo al techo) de cabello humano, el cual era despojado de las cabezas de quienes eran internados en estos centros de esclavitud y tortura. Lo mismo ocurre con zapatos que se acumulan por miles llegando a cubrir barracas enteras. El objetivo es preservar la memoria histórica y evitar que este tipo de actos no ocurra de nuevo.

"Creo que, en el futuro, cuando se pronuncie la palabra ‘campo de concentración’, se pensará en la Alemania de Hitler" escribía en sus diarios el filólogo judío Dr. Victor Klemperer quien vivió en Dresden durante todo el período que conllevó el periodo de Hitler en el poder (1933-1945), por estar casado con una mujer alemana. El Dr. Klemperer experimentó la pérdida de casi todos sus derechos, incluyendo su cátedra como profesor de filología, el derecho a acceder a librerías, a trabajar, hasta incluso leer el periódico... pero hay ciertos derechos que no pueden ser tocados, como el de pensar y el de refugiarse en el sagrado acto de escribir. De esta manera el Dr. Klemperer con el poco material que tuvo acceso durante el Tercer Reich, además de escuchar las conversaciones del día a día, decidió tomar notas sobre el área de su experticia: el lenguaje, y cómo este fue utilizado para manipular y moldear la mente de las masas.

En su magistral obra publicada en 1947 "LTI: La Lengua del Tercer Reich" hace una recopilación del lenguaje totalitario, cómo los nazis cambiaron el significado de palabras, la utilización de palabras de forma reiterativa, cómo cambiaron nombre a las instituciones del Estado (la Corte Suprema pasó a llamarse la "Corte del Pueblo", por ejemplo), todo con los fines de constituirse como única opción para dirigir a Alemania. El autor en su obra explica: "El nazismo se introducía más bien en la carne y en la sangre de las masas a través de palabras aisladas, de expresiones, y de formas sintácticas... las palabras pueden actuar como dosis ínfimas de arsénico: uno las traga sin darse cuenta, parecen no surtir efecto alguno, y al cabo de un tiempo se produce un efecto tóxico". (2001:31).

En esa reflexión, nos damos cuenta del peligro de vivir en una sociedad donde nos hacen creer que pensar diferente está mal y que es un riesgo para mi existencia. Es en ese espacio antidemocrático donde vivimos en la dicotomía de "Ellos contra Nosotros", donde se crea un espacio para una falsa legítima defensa. Situación que ya hemos vivido como Nación salvadoreña en la sangrienta década de los ochenta.

Hablando por teléfono con doña Inés Duarte Durán, hija del expresidente Ing. José Napoleón Duarte, y de doña Inés "Ney" Durán, me comentó cómo la escritura (al igual que lo ha sido para muchos) ha sido un refugio de unos años difíciles y le ha finalmente permitido expresar en forma estructurada el doloroso evento que marcó su vida, narrando detalles inéditos de cómo fue vivir 45 días secuestrada, en el escenario de la guerra civil. En este contexto, me parece importante leer el libro a publicarse de doña Inés, para no olvidar las lecciones de nuestra historia y no caer en esa espiral de dolor que tanta desgracia y sufrimiento lleva.

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