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La Antropología Forense

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El pasado fin de semana en el marco de la parte práctica de los conocimientos adquiridos y como aplicación de las diferentes herramientas técnico académicas científicas de la Antropología Forense visitamos con mis compañeros profesionales y nuestro director académico, maestro y mentor de Ciencias Forenses Dr. Miguel Enrique Velásquez, el cantón El Mozote, municipio de Arambala (Río de los Alacranes), departamento de Morazán, ubicado a más de doscientos kilómetros de la ciudad capital y cinco horas de viaje.

Al llegar debíamos de aplicar los conocimientos, entre otros objetivos: conocer uno de los sitios emblemáticos del conflicto armado en donde se registró en el marco de la guerra un delito de lesa humanidad, constatar la importancia de la memoria histórica como uno de los elementos de restitución de derecho, aplicar la teoría y compararlo con nuestras prácticas del trabajo preliminar de campo en la recolección de datos para exhumaciones y comprender la importancia en la coyuntura actual que atraviesa nuestro país.

Pero ¿cómo podemos definir la Antropología Forense? Es una de las subdisciplinas de la antropología física, es el examen de los restos óseos humanos para determinar su identidad, y cómo murió la persona, por medio de métodos y técnicas que le proporciona la arqueología y antropología física para la recuperación y análisis de restos humanos en el contexto médico legal.

Debo manifestar que estando en ese lugar vinieron a mí muchos sentimientos encontrados que reafirmaron la violencia histórica que ha imperado en nuestro país y cómo se repite cíclicamente; ya que fue mediante la Antropología Forense con el apoyo decidido y profesional del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y nuestros médicos forenses que se logró la identificación de la mayoría de personas. Pudimos escuchar el testimonio de un sobreviviente frente al monumento de las personas ya identificadas adultos y niños, y poder entender la importancia del proceso del cierre de duelo que inicia con la certeza de la muerte del familiar por medio de sus restos encontrados, y proceder con la decisión de la familia para brindarle los servicios fúnebres y su ceremonia de entierro, por doloroso que sea será el primer paso para la recuperación de la familia.

El ciclo de desaparecidos por la guerra civil no se ha cerrado y el Estado salvadoreño debe garantizar la memoria histórica para la no repetición. En la actualidad se vive un nuevo drama en nuestra sociedad, y son las “desapariciones forzadas”, en esta ocasión en manos del crimen organizado y las pandillas, que ya puede calificar como delito de lesa humanidad como parte de su consolidación de poder en los territorios; de enero de 2010 a mayo de 2017 se registran ante la PNC 12,011 desaparecidos, si lo multiplicamos por siete personas como mínimo en un grupo familiar básico tenemos más de ochenta y cuatro mil personas en sufrimiento y abandono por el Estado, obligados a modificar el curso normal de un duelo, ya que no hay cuerpo, no hay funeral, no hay tumba, no hay certidumbre, la vida pierde sentido y se debilita la Fe, solo hay dolor.

Es urgente que el Estado salvadoreño despierte, y nuestras autoridades de los tres Órganos del Estado apoyen e incrementen el presupuesto al IML dotando de instalaciones propias y adecuadas, con tecnología de punta en ADN y genética, más profesionales contratados, investigación, escalafón adecuado, ya que su experticia y profesionalismo ha sido reconocido por toda Latinoamérica y el mundo. Doctores Quijada y Quijano, Dios les bendiga, honro su trabajo y el de su equipo, muchas gracias por sus conocimientos y apoyo a las familias salvadoreñas.

Tags:

  • antropologia forense
  • derecho
  • violencia
  • investigacion
  • El Mozote

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