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La Anunciación de la Virgen

Es María por sobre todos los demás quien puede enseñarnos lo que significa vivir la fe de nuestro Padre Dios.

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Rutilio Silvestri

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El 25 de marzo, la Iglesia Universal celebra la fiesta de la Anunciación de la Virgen María. San Juan Pablo II decía: "Estamos reunidos para celebrar el gran misterio ocurrido dos mil años atrás".

El Evangelista Lucas sitúa el evento claramente en el tiempo y el lugar: "Al sexto mes, el Ángel Gabriel fue enviado por Dios a la ciudad de Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José. El nombre de la virgen era María".

El plan divino es revelado gradualmente en el Antiguo Testamento, particularmente en las palabras del Profeta Isaías: "El Señor mismo te dará una señal. Y es esta: la virgen concebirá a un niño a quien llamará Emanuel": el inigualable acontecimiento que tendría lugar en Nazaret en la plenitud del tiempo.

Es María por sobre todos los demás quien puede enseñarnos lo que significa vivir la fe de nuestro Padre Dios. En muchos sentidos, María es claramente diferente de Abraham; pero de forma más profunda Abraham y la joven mujer de Nazaret son muy parecidos.

Ambos reciben una maravillosa promesa de Dios. Abraham sería padre de un hijo, de quien descendería una gran nación. María será la Madre de un Hijo que será el Mesías Redentor, el Ungido. "¡Escucha!", dice Gabriel, "darás a luz un hijo... El Señor Dios le dará el trono de David su padre... y su reino no tendrá fin".

Para Abraham y María, la promesa parece imposible. La esposa de Abraham, Sara, era estéril y María no se había casado todavía. "¿Cómo será esto si no conozco varón?", pregunta.

Como a Abraham, a María se le pide decir sí a algo que nunca antes había ocurrido. Sara es la primera en la lista de las mujeres estériles de la Biblia que concibe por el poder de Dios, así como Isabel sería la última. Gabriel habla de Isabel para asegurar a María: "Conoce esto también: tu prima Isabel, a su edad avanzada, ha concebido un hijo".

Como Abraham, María debe caminar a través de una oscuridad, en la que solo deberá confiar en Quien la llamó. Aun su pregunta, "¿Cómo será esto?", sugiere que María está lista para decir sí, a pesar de sus temores e incertidumbres. María no pregunta si la promesa será posible, sino solo cómo será cumplida.

No sorprende, además, cuando finalmente pronuncia su fíat: "He aquí la sierva del Señor. Hágase en mí según tu palabra". Con estas palabras, María se muestra como la auténtica hija de Abraham, y se convierte en la Madre de Cristo y la Madre de todos los creyentes.

En Nazaret, donde Jesús "creció en sabiduría y edad y gracia ante Dios y los hombres", pidámosle a la Sagrada Familia que inspire a todos los cristianos a defender la familia contra tantas amenazas presentes a su naturaleza, su estabilidad y su misión. Los esfuerzos de los cristianos y todas las personas de buena voluntad para defender la vida y promover el respeto por la dignidad de cada ser humano.

Pidámosle también a Nuestra Madre del Cielo que nos consiga de su Hijo la gracia de estar muy unidos a Él y muy pendientes de las necesidades de las demás personas que requieren ayuda, sobre todo, espiritual.

Tags:

  • Anunciación de la Virgen María
  • Abraham
  • promesa

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