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La Bicicleta

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Carlos Alfaro Rivas - Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Para mantenernos cuerito, para botar el estrés, como machete de trabajo y como medio de transporte, son las diferentes razones por las cuales más y más salvadoreños andamos en bici.

Más deportistas, completando retos de hasta 100 millas (160 km), y rodando sobre la tierra de los menos y menos cafetales. Más familias optando por esparcimiento saludable en nuestras ciclovías y pocos parques que lo permiten. Más panaderos, tal malabaristas, balanceando canastotas con cientos de panes, sin dejar de pitar.

Los que no son más, somos los que no hemos cambiado el bus, la moto o el perol para ir al trabajo. Tres razones: 1- No hay trabajo. 2 - Nuestro país es volcánico y tropical, lo que quiere decir que abundan las cuestas y la calor. 3 – Demasiada bestia al volante.

El pasado miércoles 19, me cayó una nota de voz de Geovanny Guerra, campeón nacional de ciclismo, escuchemos: "Viniendo de Ciudad Arce, un busero nos pasó. De esos cabrones que le pasan bien cerca a uno. Casi nos bota. Más adelante, ya llegando a Caballería, por donde está la tanqueta, el condenado había parado, y de repente comenzó a moverse, y nosotros que veníamos esprinteando como a 55. Aceleré, y puya, me di cuenta de que él vio por el retrovisor, y le vi la mala intención, y yo dije ¡ya la regué!, y mire maitro, de un solo me mandó a volar. Rompí mi casco y mis lentes, pero, por gracia de Dios, solo lleno de raspones quedé".

Casualmente, el 19 de septiembre, desde 2015, se celebra por decreto legislativo el Día del Ciclista Salvadoreño: "En reconocimiento a su labor, disciplina y ejemplo en beneficio de la población". "Sí que son pajeros estos diputados", acierta la lorita Pepita.

Son pajeros, pero se les agradece el decreto, en homenaje a las dos ruedas de maravilla, ecología y economía. Los ciclistas que nos enteramos, nos sentimos bien en nuestro día, y pedaleamos con más ganas el fin de semana.

También, algunas organizaciones le suplicaron a las bestias al volante: "Muévete con conciencia en la vía, respeta al ciclista", y otras alzaron su voz por penas más severas, ¡no más hoyos!, y promoción del ciclismo por sus beneficios de salud.

Si no exigimos nuestros derechos, seguiremos escuchando relatos como el de Geovanny, visitando atropellados en hospitales, dando pésames en el cementerio.

Cierro los ojos, y veo un pelotón bajando al puerto, en amplio carril exclusivo para ciclistas. Veo más ciclovías y escucho montones de carcajadas. Aplaudo al recién nombrado ministro de Deporte, y a su presidente de la federación enfocada en llevar a un salvadoreño a darse riata con los colombianos en los tours y giros del Viejo Continente. Y pensar que ese busero antes era bestia, ahora caballero al volante. ¿Se vale soñar?

No sueño con el nivel de cultura ciclista que tienen Copenhague, Ámsterdam, Sevilla, Bogotá y Santiago, pero sí visualizo un El Salvador pedaleando hacia adelante, con libertad. "A tu manera, descomplicado en una bici que te lleve a todos lados", canta la lorita ahora que anda toda alborotada porque se va enterando que el 10 de noviembre viene Carlos Vives.

Vívida tengo la memoria de una gringa, con mucha pechonalidad, luciendo una camiseta roja estampada con una bicicleta de lentejuelas, sobre la frase "put happiness between your legs" (pon felicidad entre tus piernas).

Tanta razón. La felicidad no se puede comprar, pero sí se puede comprar una bicicleta para ser feliz.

"Lleva llévame en tu bicicleta / óyeme Carlos, llévame en tu bicicleta", se escucha desde el patio.

Te llevo solo si te ponés casco, te callás el pico y no te zurras en mi hombro, lorita.

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  • Día del Ciclista Salvadoreño

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