La Ceiba y el terremoto

Del 13 de enero de 2001, fecha en la vivimos un terremoto de magnitud de 7.7 grados, hasta este momento han sido diversos los sucesos históricos, las experiencias y los cambios que El Salvador ha vivido.
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Quince años han sido un periodo lleno de cambios a nivel político, social y económico. Sin embargo, es obligatorio preguntarnos ¿qué ha sucedido con las familias que fueron afectadas por el desastre natural? También, es preciso conocer si han sido parte de los cambios que el país ha vivido y cómo el tiempo ha transcurrido para ellos.

Hace un par de semanas junto al equipo de TECHO realizamos una visita al municipio de Comasagua, una de las ciudades más afectadas por el terremoto en el país.

En palabras de su alcalde municipal, un aproximado del 92 % de las viviendas de la zona fue afectado gravemente por el terremoto, incluyendo tanto la parte urbana como rural. Iniciamos nuestro recorrido a través de las comunidades rurales, compuestas en su gran mayoría por viviendas de lámina y bajareque.

A simple vista, las comunidades de Comasagua parecen reflejar el típico paisaje rural de nuestro país.

Nos encontramos con un líder comunitario, a quien llamaremos don Juan. Él es un hombre cercano a los 50 años, edad residente en la comunidad La Ceiba.

Nos muestra el exterior de su vivienda de aproximadamente 20 metros cuadrados, sostenida por un viejo armazón combinado de acero y madera, recubierta por lámina galvanizada de condiciones considerablemente viejas y maltratadas por el tiempo.

Mientras recorríamos la zona, nos contaba que la casa donde vivía era de bajareque y fue destruida totalmente por el terremoto. Esto lo forzó a construir una vivienda de lámina, sobre la estructura que una ONG construyó a medias, pero no finalizó por problemas “políticos” que surgieron con el cambio de alcaldía municipal, posterior a los terremotos.

Si bien el municipio ha recibido apoyo en el tema de hábitat, comunidades como La Ceiba, La Hacienda o Las Violetas solo han visto transcurrir el tiempo sin percibir un cambio de su realidad.

Definitivamente muchas cosas han pasado en los últimos 15 años, han transcurrido tres mandatos presidenciales, miles de millones de dólares han sido aprobados en préstamos, hemos discutido una y otra vez políticas sociales, agendas de país, pactos políticos, la inversión social es mayor, la deuda pública aumenta, etcétera. Sin embargo, ninguno de estos sucesos ha generado acciones tangibles ante la precaria realidad del Derecho a una Vivienda Digna y que fue agudizada por el fenómeno natural. En algunos casos las acciones nunca llegaron a las familias de muchas zonas del país.

El origen de TECHO como organización en El Salvador son los terremotos de 2001. Fue la convicción y la solidaridad de jóvenes salvadoreños que los llevó a realizar acciones concretas ante la emergencia, junto a diversos actores de la sociedad. Sin embargo, la emergencia terminó y los esfuerzos de toda una sociedad parecen haberse diluido y surge la pregunta: ¿cuántos aniversarios más deben transcurrir para que las familias víctimas del terremoto vuelvan a ser prioritarias para la sociedad?

Creemos que la respuesta no puede tardar más. Que el recuerdo del 13 de enero de 2001 nos mueva con solidaridad para construir un país más justo y digno.

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