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La FAO viola los principios de la ONU

Este organismo de Naciones Unidas fue creado para atender asuntos relacionados con agricultura y alimentación, siempre bajo el criterio general de la ONU de contribuir a la paz mundial y bienestar de la humanidad, pero sus actuaciones en torno a bosques y alimentos transgénicos dan muestras de lo contrario.
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Conocasión del Día Internacional de los Bosque el pasado 21 de marzo, se visibilizó de nuevo ese actuar inadecuado de la FAO, ya que más de 200 organizaciones de todo el mundo le pidieron una vez más corregir su engañosa definición de “Bosque” ya que para la FAO una plantación de monocultivo es un bosque, siempre y cuando tenga cierto tamaño y haya desarrollo de crecimiento, como altura de árboles, cobertura y número. Esta solicitud se suma a la que se hizo en 2015 donde más de 130 mil grupos solicitaron a la FAO realizar tal corrección.

Cualquier novato en asuntos ecológicos sabe que un elemento esencial de un bosque es la biodiversidad y un monocultivo carece totalmente de esa característica, además un bosque se mantiene por sí mismo, siempre y cuando no esté siendo dañado por causas humanas o cambios drásticos en el clima. Con las plantaciones sucede lo contrario, hay que estar suministrando cantidades considerables de recursos como agua y químicos tóxicos, las cuales dañan el ambiente, afectando a poblaciones cercanas de animales como sucede cuando aparecen cantidades masivas de peces envenenados. Por tal razón un monocultivo debe clasificarse como plantación y no como bosque.

Por más de 70 años esa actitud de la FAO de no querer modificar su definición de bosque ha permitido que empresas transnacionales dedicadas a estas actividades hayan incrementado en decenas de millones de hectáreas de tierra las plantaciones de monocultivos como eucaliptos, teca, acacia, pinos, palma aceitera, etcétera, creando serios impactos a la biodiversidad del planeta, contaminación de agua, suelo y aire, y han convertido zonas llenas de vida en verdaderos desiertos verdes, muy a menudo con especies transgénicas, generando otra serie de impactos dañinos al ambiente y las personas, aunque la FAO adopta de nuevo una visión equivocada de aceptar a estos organismos genéticamente modificados como buenos para el ambiente y la alimentación de las personas. A estos impactos ambientales hay que agregar que las plantaciones de monocultivos generan serios problemas de salud a poblaciones humanas, acaparamiento de tierras y expulsión de pobladores nativos. Todo este conocimiento no parece ser ajeno a la FAO, lo cual hace pensar que su interés es más beneficiar a las grandes corporaciones de monocultivos y no a la población mundial, lo cual es una seria violación a los principios de la ONU.

La definición de bosque de la FAO se ha usado como norma en muchas definiciones nacionales e internacionales y ha contribuido a engañar a muchos incautos, que tienen relación con la temática. Un ejemplo ocurrió con un anterior ministro del MARN, que afirmó en una publicación que en El Salvador los bosques iban aumentando, porque este funcionario no tenía el conocimiento suficiente para saber que una plantación no es lo mismo que un bosque. Cuando una persona así con el conocimiento equivocado tiene el poder para tomar decisiones trascendentales para el país, el futuro no se ve muy prometedor.

Con los acuerdos de Bonn y de París sobre cambio climático, ya se han escuchado voces de funcionarios entusiasmados en incrementar la cobertura forestal en diversos países, lo cual en sí está bien, pero lo que hay que garantizar es que estos programas contribuyan a la generación de bosques y no de plantaciones, sobre todo que las grandes corporaciones dedicadas a plantaciones quieren hacer uso de los fondos que la ONU está destinando para actividades de reforestación y restauración de bosques.
 

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