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La Inteligencia Artificial y el futuro del trabajo

Thomas Hobbes en su libro “Leviatán”, de 1651, describe la idea de un animal artificial, argumentando: “Qué es el corazón sino un resorte, y los nervios tantas cuerdas, y las articulaciones tantas ruedas”.
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La Inteligencia Artificial y el futuro del trabajo

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Trescientos años mas adelante, notados científicos y matemáticos como Alan Turing, Marvin Minsky y John McCarthy hacen una concepción similar sobre el cerebro humano: cómo construir una máquina que sea capaz de pensar de forma inteligente. Así nace la rama de ciencias de la computación que llamamos Inteligencia Artificial (IA).

Inicialmente un mero esfuerzo y curiosidad académica, el siglo pasado vio un altibajo en los éxitos de la disciplina. Al principio se creía que las máquinas podían emular la inteligencia humana simplemente con reglas matemáticas y de lógica, pero pronto fue evidente que esto era imposible y la disciplina cayó en un adormecimiento.

Pero algo cambió en los noventa. Con el torrente de datos e interacciones posibilitadas por internet, los algoritmos y las máquinas que los corren comenzaron a aprender. Lo que hace 80 años era solo un sueño, ahora pasa desapercibido en el día a día: chatbots, sistemas de recomendaciones (ej. Netflix, Amazon), traductores de idiomas (ej. Google), interpretadores de voz (ej. Siri, del iPhone) y reconocedores de rostros en fotografías (ej. Facebook). Y a medida que las habilidades de la inteligencia artificial aumentan, crece también el temor que sustituya el quehacer de millones de personas que verán sus empleos caer en la obsolescencia.

No es una mera conjetura. El Instituto Brooksfield para la Innovación en Canadá predice que cerca del 40 % de los trabajadores canadienses será reemplazado por robots o software en los próximos 10 o 20 años. La Universidad de Oxford en 2013 publicó un amplio estudio donde predice que el 47 % de los empleos en EUA corre el riesgo de ser sustituido por software inteligente. El Bank of America, el Wall Street Journal y el Instituto McKinsey hacen predicciones similares. Pero ya no es necesario hacer vaticinios. La sustitución de empleos ya está sucediendo.

Foxconn, en China, despidió a 60,000 trabajadores este año para sustituirlos por robots. Walmart planea reemplazar 7,000 de sus plazas en finanzas y contabilidad por autómatas. DeepMind, el sistema de inteligencia artificial de Google, acaba de probar que puede imitar voces humanas y componer música. El bufete de abogados Baker & Hostetler en Cleveland ha contratado al primer abogado artificial, desarrollado por IBM, para sus consultas legales. Y los comunicadores no se salvan, pues el mismo sistema de IBM ha demostrado que puede editar revistas, periódicos y videos de la misma forma que lo hace un editor humano. De hecho, el tráiler de la película “Morgan” ha sido completamente creado sin intervención humana por este sistema. Muchas más profesiones están siendo alcanzadas.

En un ámbito mas personal, para la empresa holandesa Orbital-Eye dedicamos aproximadamente un año a desarrollar un algoritmo que ahora es capaz de identificar actividades humanas a través de imágenes de radar de satélites en el espacio. Para muchas empresas, como las que manejan grandes gasoductos, resulta ahora más económico, rápido y conveniente utilizar esta tecnología que emplear inspectores que transiten toda su infraestructura. En un par de horas, el sistema de inteligencia artificial analiza más de 41,000 km², cubriendo todo el territorio holandés, y reportando inmediatamente actividades humanas sospechosas a los operadores.

Latinoamérica aún tiene un rezago en la adopción de tecnologías de esta índole, pero para mantenerse competitivas en el futuro cercano, será primordial que lo hagan. La inversión en sistemas inteligentes diseñados a partir de las propias ideas y necesidades de la industria local debe ir de la mano con una fuerza laboral altamente calificada. El progreso de estos avances es inevitable, y la ambición del país debe ser entrenar a las nuevas generaciones en las disciplinas que los mantengan competitivos en un mundo dominado por la automatización.

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