La Partícula de Dios

A veces se atenúan las luces de la modernidad y nos dejan ver el universo de estrellas y mundos que hay más allá de nuestras narices.
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Para conocerse mejor hay que saber tomar distancia de sí mismo. De igual manera, para conocer mejor este mundo hay que saber tomar distancia de él. Ahora bien, no es fácil tomar distancia de sí mismo y del mundo que nos rodea en medio de la intensidad y complejidad de nuestras vidas y nuestras sociedades.

De forma radical lo podrán hacer los Jivan Muktas o Liberados en Vida en la India, o los ascetas en algún refundido monasterio cristiano o budista. Pero no es nada fácil para quienes nos vemos sumergidos en las vibrantes “dinámicas de lo terrenal”, para aquellos que estamos inmersos en las problemáticas del desarrollo y de la democracia y luchamos por lograr seres y sociedades mejores.

Más difícil lo es en un país como el nuestro, donde ambas problemáticas son altamente deficitarias. Escribimos y accionamos sobre lo cotidiano y coyuntural, analizamos las dimensiones estructurales del acontecer socioeconómico y político, denunciamos a los autoritarios, los corruptos y los violentos, nos definimos y negamos neutralidad todos los días, no sobre ser de derecha, centro o izquierda, sino sobre la decencia y la democracia. Todo ello en medio de alabanzas e insultos. No es fácil tomar distancia.

Felizmente, a veces se atenúan las luces de la modernidad y nos dejan ver el universo de estrellas y mundos que hay más allá de nuestras narices. Se puede cabalgar con Sancho Panza, siempre poniendo pies sobre tierra, al mismo tiempo que con Don Quijote, viendo más allá de los Molinos de Viento. Tratando, como nos enseñaba Shakespeare en boca de Hamlet ante Horacio, de que “hay más cosas en el cielo y en la tierra, que las que pueda soñar tu filosofía”.

Hay por tanto más cosas sobre las que reflexionar y escribir en esta columna de opinión. Muchas más que sobre los pícaros y corruptos, las preocupaciones por los Reyes, Flores o Funes, la sostenibilidad fiscal, la “economía pasmada”, la agonía del Socialismo del Siglo XXI, etcétera. También podemos y debemos escribir con distancia, sin abandonar las “turbulencias terrenales”, sobre otros temas, como La Partícula de Dios, especialmente en estos días de mayor sosiego y reflexión.

¿Se han puesto a pensar por qué de todas las innumerables partículas que conforman el universo unas tienen masa y otras no? ¿Por qué existen partículas que forman densos planetas y otras están esparcidas en espacios siderales “vacíos”? ¿Por qué existen cosas y seres formando un solo cuerpo/masa y espacios “vacíos” entre ellos? ¿Qué tienen de especial las partículas que constituyen el ser humano, las cuales se agrupan y organizan en una unificada, compleja y maravillosa masa? ¿Cuál es la fuerza aglutinadora e integradora de toda esa miríada de partículas?

La respuesta a esas interrogantes la han buscado durante siglos místicos, filósofos, científicos. Entre estos valga destacar los físicos y la física cuántica, los cuales hace apenas 2 años han hecho uno de sus mayores descubrimientos. Gracias a los experimentos en el mayor acelerador/colisionador de partículas del mundo (en el CERN, Ginebra, 2012) se verificó la existencia del llamado Bosón de Higgs, bautizada polémicamente como la Partícula de Dios, por su capacidad de generación de ese campo que atrae, unifica y organiza el mundo de las partículas.

Las partículas que se encuentran dentro del campo generado por la Partícula de Dios se atraen y unifican, forman masa, y las que están fuera de él quedan en el “vacío”. Aunque todavía queda mucho que investigar al respecto, podemos arriesgarnos a pensar que es gracias a esta partícula especial que se genera esa energía que unifica el ser humano, los atrae entre sí, impulsa al sexo y al amor unificando cuerpos y corazones, construye familias y civilizaciones, hace sentirse uno con la naturaleza, nos acerca a ese Dios de las religiones, nos aproxima y solidariza con el semejante, nos hace conmovernos ante el sufrimiento ajeno, en fin, nos da esa fuerza del amor que nos mueve y mueve el mundo hacia adelante.

Mis deseos para este 2015 y más es que ese “campo divino” descienda y se encuentre más presente en nuestro país. Lo necesitamos para salir del estancamiento en que hoy nos encontramos.

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