La actividad política en general tendría que regirse por criterios de respeto, colaboración y sana tolerancia

Acudamos a cumplir con nuestro deber ciudadano, ejerciendo de manera responsable y pacífica nuestro derecho ciudadano.
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Hace tres días, cuando ya la campaña electoral estaba en fase de terminación, por iniciativa de la Procuraduría General de la República los distintos partidos políticos en contienda suscribieron un pacto destinado a asegurar el pacífico desenvolvimiento del evento electoral en el día de las definiciones en las urnas. La iniciativa ha sido muy oportuna, sobre todo porque en esta oportunidad, con las novedades procedimentales que trae la emisión del voto, es más previsible que haya diferencias en el momento de emitirlo y sobre todo a la hora del recuento. Y de lo que se trata, justamente, es de crear un marco para evitar que se vaya a caer en las disputas agresivas, y más bien todo pueda resolverse por la vía del diálogo.

Dado que la campaña, si bien fue muy intensa y extendida en el territorio, no mostró signos de choque que pusieran en riesgo la normalidad del proceso, conviene asegurar la culminación del mismo, donde se harán las definiciones finales, porque es de ahí de donde saldrán las nuevas correlaciones de fuerzas. Hay que tomar como una señal positiva el hecho de que las ansiedades naturales en un evento de la índole del actual no se hayan salido de curso en ninguna fase del proceso, y si eso se mantiene hasta el final podremos considerar el acontecimiento en general como una prueba satisfactoriamente superada.

En lo que se refiere a la conflictividad posible, la Procuradora General de la República, al formalizarse el pacto aludido, hizo un explícito llamado para que todo tipo de situaciones conflictivas se resuelvan aplicando la tolerancia y la comprensión. Así debe ser, desde luego, y no sólo en el desenvolvimiento de los comicios sino en toda situación que se presente. Nuestra dinámica de convivencia política ya avanzó lo suficiente para hacer valer en cualquier circunstancia la lógica democrática, que exige que todos los actores nacionales, y muy en particular los actores partidarios, ajusten sus actitudes y sus actos a los principios y conceptos de la convivencia pacífica.

Es muy importante señalar que el respeto mutuo y la disposición dialogante deben estar presentes siempre, porque sólo de esa manera es posible asegurar que la evolución nacional mantenga su curso normal, sin obstáculos ni valladares resultantes del prejuicio, del fanatismo o de la lucha ciega. Tenemos todos que recordar, a cada instante, que la democracia es una tarea insoslayablemente compartida, y que no hay éxito posible para nadie si se trabaja para el fracaso de los demás. Aunque por momentos parezca una utopía considerarlo así, el país es un todo en el que todos tenemos participación y responsabilidad, así como derechos y obligaciones, independientemente de cualquier diferencia o eventualidad.

Estamos a muy pocas horas para que se abran las urnas y los ciudadanos acudamos a expresar nuestra respectiva voluntad ante ellas. Toda elección es una prueba en la ruta del perfeccionamiento democrático, que nunca termina de construirse en el tiempo. Acudamos a cumplir con nuestro deber ciudadano, ejerciendo de manera responsable y pacífica nuestro derecho ciudadano.

Hacemos votos porque el país en general salga beneficiado y fortalecido del ejercicio electoral inminente. Es lo que en definitiva nos conviene a todos.

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