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La anomia que padecemos puede superarse

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Se ha expresado hasta la saciedad que el principal problema que el Gobierno debe resolver con celeridad es el de la galopante delincuencia que abate al país, la cual ha llegado a alcanzar dimensiones incontrolables por no haberse actuado adecuadamente cuando este era un incipiente problema fácil de resolver. Es obvio que el accionar delincuencial de las pandillas tiene causas estructurales que es imprescindible tratar de evidenciar y darles el tratamiento adecuado para erradicar este flagelo que no parece tener solución.

Desde luego que el Gobierno está realizando un arduo trabajo en la persecución de estos grupos que últimamente han recrudecido el asesinato de algunos miembros de la Policía y del Ejército. Pareciera que desde los vecinos países reciben armas de grueso calibre para enfrentarse a la PNC, que ya ha perdido a varios de sus miembros, sin que por parte del Gobierno se hayan tomado medidas eficientes para protegerlos del accionar de los antisociales.

Lo más grave de esta situación es que cada día se va acentuando una evidente degradación moral en nuestra sociedad que nos ha conducido a la ausencia de normas de convivencia social civilizada de ciertos grupos de la población, que no permite orientar adecuadamente el comportamiento delictivo que manifiestan.

Los recientes acontecimientos de la madre que degolló a su hija de seis años y lesionó a dos hijos más en un caserío de San Luis La Herradura usando un corvo son una evidente muestra de que existe una psicosis colectiva en la población especialmente del área rural, como consecuencia del temor a la inseguridad en que viven por el acoso de los grupos delincuenciales que merodean y asesinan en esas zonas. Asimismo los suicidios de policías y las renuncias de otros, que probablemente ya no soportan el temor de ser asesinados, son acontecimientos a los que el Gobierno debe darles mucha atención y buscarles una solución adecuada para que estos casos no sigan ocurriendo.

El antropólogo y sociólogo francés Émile Durkhein introduce en algunas de sus obras el término “anomia”, que lo define concretamente como la ausencia de normas en la sociedad, que no permite controlar el comportamiento de los individuos. El término anomia es empleado hoy en día en Sociología para referirse a una desviación o ruptura de las normas sociales. Los individuos más proclives a padecer de esta clase de trastornos o desviaciones sociales se dan casi siempre en los estratos sociales más bajos y marginados, y las principales conductas que se manifiestan en ellos son la criminalidad, el alcoholismo, el suicidio y otros tipos de desórdenes mentales.

En este contexto, es urgente que la sociedad salvadoreña pueda salir de este marasmo moral en que nos encontramos inmersos, que en parte es agravado por las programaciones de algunos canales de televisión nacionales y extranjeros, que indiscriminadamente transmiten abundantes programas cargados de violencia, pornografía y narcotráfico, que contamina las mentes de niños y jóvenes. Se ha afirmado en múltiples ocasiones que el mal ejemplo que algunos progenitores proporcionan a sus hijos contribuye también a la degradación moral de la sociedad.

Sin lugar a dudas, la corrupción en las instituciones gubernamentales que ha existido en los diferentes gobiernos de las últimas décadas, además de proporcionar un mal ejemplo a los futuros funcionarios, que seguramente harán lo mismo, no ha permitido la realización de la inversión social adecuada, que ha contribuido a tener un ostensible déficit en los servicios a la población, como salud, educación, suministro de agua potable, vivienda, etcétera, que no nos permite salir de la situación de subdesarrollo que padecemos.

Si bien, en la actualidad existe una mejoría en el control del Gobierno para exigirle evitar el despilfarro, aplicando medidas de austeridad, aún existen Órganos de Estado que continúan derrochando los fondos del erario nacional.

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