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La atmósfera política tiene vibraciones novedosas, y eso hay que reconocerlo como signo de los tiempos

Es difícil prever cómo resultarán las cosas una vez que los competidores estén en el terreno de juego, sobre todo porque la ciudadanía se ha venido volviendo cada vez más cuestionadora y menos anuente a dejarse convencer a las primeras de cambio.
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David Escobar Galindo / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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En cualquier tiempo y lugar, la dinámica política siempre está presente, porque su acción, independientemente de las condiciones imperantes, es elemento natural de la vida en sociedad. Según sean las circunstancias que se den en los momentos determinados, así será la política en concreto, y esto hay que tenerlo siempre en cuenta, tanto para valorar lo que existe como para prever lo que pudiera venir. Y como la política va vinculada indisolublemente con la forma en que el poder se manifiesta, éste es sin duda el factor de más incidencia sobre lo que ocurra en dicho plano.

Al ser así las cosas, el comportamiento del poder representa el factor más ilustrativo para caracterizar el desenvolvimiento de la política en un determinado momento; y eso se manifiesta en cualquier lugar y latitud en que se haga el enfoque.Aquí nos estamos refiriendo al modo en que se ha desempeñado y se desempeña la política entre nosotros, y por ello se impone particularizar. Como hemos recordado tantas veces, en El Salvador la práctica del poder nunca ha sido ejemplar, ni como método ni como oficio.

Venimos de un autoritarismo que asumió vestidura castrense por largas décadas, con un claro efecto difuminador de la ciudadanía, que en letra de la Constitución es la residencia reconocida del poder. Esto no podía durar sin límites, porque los artificios obstructivos se van agotando por su cuenta, hasta que dan de sí; y eso justamente fue lo que le pasó al autoritarismo pseudocaudillista que estuvo enquistado aquí durante tanto tiempo. Vino la democracia, ya no como ave disfrazada sino como revelación con vida propia. Y en ésas estamos.

Desde el comienzo de la posguerra se estableció un esquema bipartidista con características propias, porque ninguno de los dos partidos mayoritarios –ARENA y el FMLN, representantes principales de la derecha y de la izquierda– pudo hacer ni siquiera mayoría simple en la Asamblea Legislativa. La última vez que eso se dio fue en 1985, cuando la Democracia Cristiana, que era en aquellos entonces la formación partidaria más fuerte, alcanzó dicha mayoría por su sola cuenta, y el electorado quedó curado en salud por los resultados que se dieron. En esta etapa que se abrió a partir de las elecciones de 1994, el partido con más representación ha tenido que buscar el apoyo de una tercera fuerza, lo cual no ha fortalecido el pluralismo sino que ha favorecido los arreglos bajo la mesa, en sospechosa penumbra.

Hoy se están presentando algunas señales que hacen pensar que el esquema establecido puede entrar en fase de cambio, porque las dos fuerzas tradicionales están en el ojo crítico de la ciudadanía y hay movimientos que van organizándose con bastante impulso para entrar en competencia. Es difícil prever cómo resultarán las cosas una vez que los competidores estén en el terreno de juego, sobre todo porque la ciudadanía se ha venido volviendo cada vez más cuestionadora y menos anuente a dejarse convencer a las primeras de cambio. En todo caso, no hay duda de que las novedades se van a seguir presentando, como ocurrió en los recientes comicios legislativos y municipales. Esto pone a todas las fuerzas políticas en expectativa permanente, porque nada puede estar seguro de antemano.

Lo que hemos visto con reiteración en los tiempos más recientes es que todas las fuerzas políticas, incluyendo desde luego sus respectivos liderazgos, van siendo empujadas por la misma dinámica del proceso a hacer giros de cambio dentro de una línea que ya no está controlada por los sobrepasados móviles ideológicos que tuvieron tanto peso y tanto arrastre en momentos del pasado, aun del relativamente reciente.

Hoy la fuerza de la democratización, movida en gran parte por la voluntad ciudadana, que tiene tantas reservas acumuladas sobre el desempeño de los partidos, es la que va abriendo brecha, y eso sin duda se hará sentir en los comicios presidenciales que están a las puertas así como se vio en las pasadas elecciones legislativas y municipales. Sigamos a la expectativa.

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