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La batalla de El Salvador contra el crimen merece nuestro apoyo

El Salvador es un país poseedor de gran potencial y de gente esperanzada de vivir en paz. Para lograr esto, será necesario un enorme esfuerzo de la comunidad internacional para trabajar con el Gobierno y el pueblo salvadoreño en la construcción de instituciones que promuevan comunidades más saludables, seguras y prósperas.
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Recientemente, asistí a la inauguración de la Asamblea General de las Naciones Unidas y escuché al papa Francisco pronunciar un discurso extraordinario sobre muchos de los desafíos enfrentados en el siglo XXI.

El papa habló de forma conmovedora sobre el impacto del “tráfico de drogas, el tráfico y la comercialización de órganos y tejidos humanos, la explotación sexual de niños y niñas, la esclavitud, incluyendo la prostitución, el comercio de drogas y armas, el terrorismo y el crimen organizado transnacional”.

Pero, en el día en el que el mundo adoptó los objetivos de desarrollo sostenible, él no se limitó únicamente a enunciar problemas; él ofreció soluciones reales basadas en la Carta de las Naciones Unidas, expresando que la aplicación transparente y sincera de dicha Carta podría conducir a “soluciones pacíficas”.

El mensaje del papa señalando que la Carta y que las Naciones Unidas constituyen motores para la paz es un mensaje importante para El Salvador y otros países de la región.

Esta región enfrenta desafíos en seguridad urbana y la población percibe la violencia como un problema acuciante. Aunque el tráfico de drogas es un factor que contribuye a la violencia en la región, el flujo de cocaína a través de El Salvador es relativamente bajo. Sin embargo, esto no ha impedido que el país se vea afectado por la violencia asociada a las pandillas.

En los últimos 20 años, los gobiernos de El Salvador han estado comprometidos en empujar la nación hacia adelante. Enfrentar la violencia es uno de los aspectos de esta labor, y es por ello que el Gobierno actual trabaja con UNODC y otros socios.

El problema ha sido reconocido por los ministros del Gobierno. En su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el canciller, Hugo Martínez, hizo un llamado a las Naciones Unidas a apoyar al país: “El Salvador libra una batalla sin precedentes contra el crimen... Hago un llamado a la comunidad internacional para trabajar de la mano en una efectiva aplicación del Tratado sobre el Comercio de Armas y su universalización; no olvidemos que la acción decidida en esta área significa nada menos que la diferencia entre la vida y la muerte de millones de personas en el mundo”.

Todo esto es el telón de fondo de mi misión a El Salvador la próxima semana, durante la cual me reuniré con funcionarios gubernamentales de alto nivel para discutir varios de estos asuntos.

UNODC apoya a los gobiernos mediante el fortalecimiento de las instituciones encargadas de la aplicación de la ley, fomentando enfoques integrales y multiagenciales que abordan temas como las pandillas, la demanda de narcóticos y la corrupción, promoviendo, paralelamente, mejorías en las capacidades de los sistemas de justicia penal.

Todas estas actividades a nivel local son necesarias, pero la comunidad internacional tiene una responsabilidad. UNODC está apoyando e invita a los Estados a cooperar a través de la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional y sus protocolos, así como la Convención contra la Corrupción. Existe un cuerpo robusto de estándares internacionales que podemos poner en práctica en áreas tan diversas como el tratamiento de uso de drogas, promoción de alternativas al encarcelamiento, violencia contra la mujer, asistencia jurídica y reforma penal.

Instituciones fuertes, transparencia y buen gobierno son herramientas poderosas en esta lucha. El Gobierno salvadoreño necesita apoyo en sus esfuerzos para ejercer control sobre su territorio y promover justicia y desarrollo sostenible para todos.

La Agenda de Desarrollo Sostenible para el período 2015-2030, recientemente adoptada por los 193 países de las Naciones Unidas, ofrece una nueva plataforma para integrar el control de drogas y la prevención del delito en una amplia acción nacional centrada en las personas para erradicar la pobreza, las desigualdades y la injusticia.

La cooperación en seguridad regional es primordial. La Estrategia de Seguridad de Centroamérica constituye un avance integral en la dirección correcta. UNODC es parte de este proceso, brindando apoyo a través de una serie de proyectos de asistencia técnica regionales.

Regresando al mensaje del papa, la construcción de paz también puede brindar soluciones. Podemos aprender de otros esfuerzos de construcción de paz, pero es necesario que las personas armadas se reinserten en la sociedad. Los sistemas penitenciarios y la rehabilitación juegan un rol esencial en prevenir que las personas retornen al ciclo de violencia, así como el aumento en la educación para prevenir que los jóvenes ingresen a las pandillas.

El Salvador es un hermoso país, poseedor de un gran potencial y de gente esperanzada de vivir en paz. Para lograr esto, será necesario un enorme esfuerzo de parte de la comunidad internacional para trabajar con el Gobierno, enfocando sus esfuerzos en el marco del Plan Quinquenal de Desarrollo y del Plan El Salvador Seguro para la construcción de comunidades más saludables, seguras y prósperas.

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