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La caja de Pandora

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La caja de Pandora

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El ensayo de escribir es apasionante, pero la temática no siempre es alegría, a veces es un dejo de tristeza provocado por un cúmulo de acontecimientos en el entorno. Sobre todo cuando existe al menos un atisbo de sentido de pertenencia a un país que se resquebraja.

Este término puede definirse por partes. Sentido como un proceso fisiológico de recepción y de reconocimiento de estímulos. Pertenencia, equivale a propiedad. El sentido de pertenencia se asocia entonces con el reconocimiento de sentirse parte de algo, de un país, por ejemplo; lo que lleva a pensar, por asociación de ideas, en otro término: ciudadanía.

Sentirse parte de un país y tratar en la medida de lo posible en colaborar con la construcción de una sociedad sin interés partidario. El estar consciente o convencido de ello conlleva una especie de nostalgia, sobre todo cuando existe una compleja problemática y repitiendo, se posee al menos un relativo sentido de pertenencia o de ciudadanía. Se experimenta tristeza cuando grupos de personas se adueñan del destino de sus semejantes o individuos dañan al país con su conducta deleznable en momentos que el mismo necesita de lo mejor de nosotros. Se experimenta incapacidad por la dificultad personal de recurrir al antídoto de la aceptación.

Por otra parte, al darle forma a estas definiciones surge el cuento de la llamada caja de Pandora; “en la mitología griega, era un recipiente al que tradiciones más modernas han llamado caja, que recibió Pandora como regalo de bodas con instrucciones de no abrirla. Desobedeció y escaparon todos los males que aquejaban a la humanidad, pero al decidir atinadamente cerrarla de nuevo, solo quedó en el fondo el espíritu de la esperanza”.

Los males eran: la vejez, la enfermedad, la fatiga, la locura, el vicio, la pasión, la plaga, la tristeza, la pobreza, el crimen; todas las calamidades del mundo se extendieron y solo la esperanza quedó oculta en el fondo de la cesta. Esta historia da pauta para la expresión: cualquier semejanza o parecido es pura coincidencia. Tengo fe que la esperanza es la que también queda en la realidad, al asemejar esa historia con la de un país en la era contemporánea, el cual ha sido invadido por muchas plagas como las mencionadas, a las que se agrega un mal endémico e histórico que corroe los cimientos de cualquier sociedad: la corrupción.

De la misma historia surge otra convicción saludable de que la esperanza es lo último que se pierde y de esa certeza reforzada por otra: de que las sociedades como un todo empobrecen sí, pero no mueren; es más, existen antecedentes que registran casos de resurgimientos o de renacer y se vale soñar en un país renovado como producto de la herramienta de la educación continua, saliendo de una era de la información y arribando a una del conocimiento; pero al despertar surge la realidad imperiosa de la necesidad de una voluntad ciudadana trascendente para desechar la experiencia de varios países de una tiranía. En todo caso, sinónimo de acción como palabra mágica; porque la inacción mata. La historia también registra esos contrastes.

Siento otra vez estar confundido. Pero sí quiero dejar por escrito que tengo fe y que estamos lejos de una anarquía y tiempos de tribulación, pero también lejos de una redención (liberación de una mala situación a corto plazo). Prefiero interpretar que el Armagedón de que habla el apocalipsis, con el perdón de los no creyentes, es la guerra de Dios que acabará con todas las guerras.

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  • realidad
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